Odio el bullicio, las veredas saturadas de gente y el color gris y triste. Pero amo los carteles luminosos, los edificios enormes y bellos, y todos los negocios que en Moreno no existen.
Si bien me hago la superada, yo sigo siendo una inocente pueblerina. Y aunque a veces me cueste admitirlo, la Ciudad me maravilla con sus cosas tecnológicas, sus colectivos dobles, las avenidas súper anchas y los carteles publicitarios que pasan videos.
Ayer tenía que ir a un lugar bastante lejano de mi trabajo para buscar una cosa que compré por internet. Cuando miro el mapa, me doy cuenta de que el Metrobus pasa cerca de ese lugar y me deja en Palermo, bien cerca de la parada del 57 que me deja de vuelta en Moreno.
Y queriéndome hacer la superada ante mí misma, me digo "bué, es lo más rápido dentro de todo... sí, ya fue, lo tomo". Pero adentro mío, la Pueblerina estaba re contenta porque iba a ver algo liiiindo y graaaande y lleno de luuuuces y re tecnolóóóógico.
Fui hasta el lugar en colectivo, pensando sólo en que a la vuelta iba a tomar el Metrobus. Pensaba en como hacer para que la gente no notara que era la primera vez que me subía. Me preguntaba cómo sería la estación, cómo serían los asientos... ¿habrá asientos en la parada?
Cuando por fin hago el trámite y me toca volver, yo siento que la emoción se apodera de mi pecho. ¡Voy a ver el Metrobus, y voy a usarlo, y va a ser lindo, y voy a ver por la ventana, y la gente por la calle me va a mirar, y yo voy a poner cara de "se... estoy en el Metrobus. Se... uso el Metrobus... ¿qué, vos no?".
Tuve que caminar 15 cuadras hasta la estación, y no sabía si iba a ver una estación, si necesitaba boleto para entrar a la parada o pagaba directamente arriba del Metrobus...
Y llegué, nomás, a la ansiada estación de Metrobus. Estaba en medio de la avenida y la gente estaba parada ahí con cara de orto. Así que disimulé mi emoción y puse cara de orto también.
Veo que la estación es más o menos larga, y que hay asientitos pero la gente no está sentada, sino que están haciendo cola casi al final de la estación.
Así que me hago la capitaliense y me pongo al final de la fila, ¡aunque en realidad me quería sentar!
Había unas pantallitas que te decían la hora, y decían "Metrobus". Y miro la hora y tiro un suspiro de fastidio (aunque en realidad estaba tratando de disipar mi emoción).
Y espero, felíz, que venga el Metrobus.
Yo me imaginaba esto:
Pero veo que se acerca un colectivo cualunque.
Algunas personas se suben, y otras no. Así que asumí que ese era un colectivo que también pasa por el recorrido del Metrobus, pero que no era el Metrobus. Entonces me hago la que me fastidié y me voy a sentar a uno de los asientos, para que la gente crea que es porque pienso que el Metrobus va a tardar más, pero en realidad es porque quiero ver como son los asientitos!!!
Y me senté y las piernas me colgaban, me colgaban!! Las piernas nunca me cuelgan a mí! Siempre que me siento me quedan las rodillas a la altura de las orejas, y ahora estaba colgando!!
Pasan 2 minutos y se acerca otro colectivo común de porquería que dice "34". Y la gente se subía.
El cartelito decía "Liniers-Palermo"... y ese es el recorrido que hace el Metrobus. O sea, esta porquería era el Metrobus:
¡Un colectivo! ¡Un colectivo normal que dice "34"! ¡No dice "Metrobus" ni es amarillo ni es doble ni es sofisticado y capitaliense!
Entonces puse cara de "ah, por fin vino", y me subí tratando de disimular mi tremenda decepción.
Me siento y miro por la ventana.
Bué... aunque sea pasa por las paradas bonitas y va por el centro de la avenida como si fuésemos reyes.
Miraba las paradas todo el tiempo para ver por dónde íbamos.
Hasta que me dí cuenta que yo iba hasta Palermo, que es la última parada. Así que, ¿para qué prestar atención por dónde voy?
Así que me distraigo y me pongo a pensar en gatitos. En gatitos con sombreros. En gatitos con sombreros y en patineta. En gatitos sin sombreros ni patinetas, pero usando un saquito.
Miro por la ventana. Estoy en una callecitita angostita que no reconozco ni a palos.
¡Dobla! ¿Por qué dobla?
Estaba a punto de largarme a llorar cuando de pronto me encuentro en Avenida Santa Fe. Un lugar que reconozco.
Así que me bajé y literalmente salí corriendo.
Corrí 6 cuadras hasta la parada del 57, donde pude subirme al colectivo enseguida, me senté y me abracé a la mochila.
A veces la Buenos Aires me asusta.

