5/6/12

Subtebus

Mi relación con la Ciudad es de amor/odio.
Odio el bullicio, las veredas saturadas de gente y el color gris y triste. Pero amo los carteles luminosos, los edificios enormes y bellos, y todos los negocios que en Moreno no existen.

Si bien me hago la superada, yo sigo siendo una inocente pueblerina. Y aunque a veces me cueste admitirlo, la Ciudad me maravilla con sus cosas tecnológicas, sus colectivos dobles, las avenidas súper anchas y los carteles publicitarios que pasan videos.

Ayer tenía que ir a un lugar bastante lejano de mi trabajo para buscar una cosa que compré por internet. Cuando miro el mapa, me doy cuenta de que el Metrobus pasa cerca de ese lugar y me deja en Palermo, bien cerca de la parada del 57 que me deja de vuelta en Moreno.
Y queriéndome hacer la superada ante mí misma, me digo "bué, es lo más rápido dentro de todo... sí, ya fue, lo tomo". Pero adentro mío, la Pueblerina estaba re contenta porque iba a ver algo liiiindo y graaaande y lleno de luuuuces y re tecnolóóóógico.

Fui hasta el lugar en colectivo, pensando sólo en que a la vuelta iba a tomar el Metrobus. Pensaba en como hacer para que la gente no notara que era la primera vez que me subía. Me preguntaba cómo sería la estación, cómo serían los asientos... ¿habrá asientos en la parada?

Cuando por fin hago el trámite y me toca volver, yo siento que la emoción se apodera de mi pecho. ¡Voy a ver el Metrobus, y voy a usarlo, y va a ser lindo, y voy a ver por la ventana, y la gente por la calle me va a mirar, y yo voy a poner cara de "se... estoy en el Metrobus. Se... uso el Metrobus... ¿qué, vos no?".
Tuve que caminar 15 cuadras hasta la estación, y no sabía si iba a ver una estación, si necesitaba boleto para entrar a la parada o pagaba directamente arriba del Metrobus...

Y llegué, nomás, a la ansiada estación de Metrobus. Estaba en medio de la avenida y la gente estaba parada ahí con cara de orto. Así que disimulé mi emoción y puse cara de orto también.
Veo que la estación es más o menos larga, y que hay asientitos pero la gente no está sentada, sino que están haciendo cola casi al final de la estación.
Así que me hago la capitaliense y me pongo al final de la fila, ¡aunque en realidad me quería sentar!
Había unas pantallitas que te decían la hora, y decían "Metrobus". Y miro la hora y tiro un suspiro de fastidio (aunque en realidad estaba tratando de disipar mi emoción).

Y espero, felíz, que venga el Metrobus.
Yo me imaginaba esto:

Pero veo que se acerca un colectivo cualunque.

Algunas personas se suben, y otras no. Así que asumí que ese era un colectivo que también pasa por el recorrido del Metrobus, pero que no era el Metrobus. Entonces me hago la que me fastidié y me voy a sentar a uno de los asientos, para que la gente crea que es porque pienso que el Metrobus va a tardar más, pero en realidad es porque quiero ver como son los asientitos!!!
Y me senté y las piernas me colgaban, me colgaban!! Las piernas nunca me cuelgan a mí! Siempre que me siento me quedan las rodillas a la altura de las orejas, y ahora estaba colgando!!

Pasan 2 minutos y se acerca otro colectivo común de porquería que dice "34". Y la gente se subía.
El cartelito decía "Liniers-Palermo"... y ese es el recorrido que hace el Metrobus. O sea, esta porquería era el Metrobus:



 ¡Un colectivo! ¡Un colectivo normal que dice "34"! ¡No dice "Metrobus" ni es amarillo ni es doble ni es sofisticado y capitaliense!
Entonces puse cara de "ah, por fin vino", y me subí tratando de disimular mi tremenda decepción.

Me siento y miro por la ventana.
Bué... aunque sea pasa por las paradas bonitas y va por el centro de la avenida como si fuésemos reyes.

Miraba las paradas todo el tiempo para ver por dónde íbamos. 
Hasta que me dí cuenta que yo iba hasta Palermo, que es la última parada. Así que, ¿para qué prestar atención por dónde voy?

Así que me distraigo y me pongo a pensar en gatitos. En gatitos con sombreros. En gatitos con sombreros y en patineta. En gatitos sin sombreros ni patinetas, pero usando un saquito.
Miro por la ventana. Estoy en una callecitita angostita que no reconozco ni a palos.

¡Dobla! ¿Por qué dobla?
Estaba a punto de largarme a llorar cuando de pronto me encuentro en Avenida Santa Fe. Un lugar que reconozco.

Así que me bajé y literalmente salí corriendo. 
Corrí 6 cuadras hasta la parada del 57, donde pude subirme al colectivo enseguida, me senté y me abracé a la mochila.

A veces la Buenos Aires me asusta.

30/5/12

¡Jajajaja!

El humor es algo muy importante.
Si él, estaríamos sumergidos en la depresión y en la angustia. El humor nos ayuda a salir con fuerza de las situaciones más desagradables, y nos da la valentía de enfrentar cualquier problema.

Yo, sin ir más lejos, hago del humor mi filosofía de vida. Así me criaron. Crecí riendome y burlándome de todo, especialmente de mí y de mi mala suerte. Nunca voy a olvidar a toda mi familia reunida en el parque de casa, observando a nuestra casa incendiarse, mientras disparábamos chistes a diesta y siniestra con lágrimas en nuestros ojos.

Sin ir más lejos, este blog es eso. Es tomar todo lo que me indigna, me enoja y me hace daño, y trato de transformarlo en algo gracioso. Para que cambie ante mis ojos, y también hacer reir a otra persona, cosa que me llena de felicidad. Es decir, tomo una sensación horrenda y la transformo en una hermosa.

El que hace esto todo el tiempo es un personaje al que llamo Pequeño Comediante Predecible.

Este ser puede ser tanto hombre como mujer, viejo o joven. A simple vista parece una persona normal; come panchos con mostaza, se limpia las uñas con el borde de la tarjeta SUBE y arranca pedazos de pastito cuando se sienta en el piso de una plaza pública.
Pero el PCP espera su oportunidad para brillar. Pasa sus días pacientemente, agazapado esperando su momento ideal para lanzar su chistecito con toda la furia.
Uno de los momentos que más le gusta es estar dentro del subte y que éste se detenga. Espera, paciente y entusiasmado unos minutos. Al ver que el subte se descompuso o no arranca, el PCP empieza a sentir felicidad. Comienza a sudar por la emoción. Entonces el el momento más esperado (aunque él cree que es totalmente inesperado), el PCP anuncia a los gritos "¡¡EEEEH, SE LE PINCHÓ UNA GOMA AL TREN!!" con un gesto de pícaro, tratando de disimular su emoción. Y al escuchar un "je" o un "pff...", o ver un ligerísimo esbozo de sonrisa en la cara de un pasajero acompañado de un leve soplido que sale de su nariz, el PCP explota por su alegría casi orgásmica, por sentirse querido, aceptado y reconocido como el Comediante Oficial del Subte, y se llena de orgullo por haber logrado todo eso que su madre siempre le dijo que no iba a lograr.

Es el mismo que el 1ro de Enero espera ver a alguien que haya visto el día anterior para decirle "¡¡EEEEHHH, PERO NO TE VEO DESDE EL AÑO PASADO!!".

También lo vemos esperando el tren entre toda la multitud, emocionado porque llega el tren y así también su momento de destacarse entre todos los fracasados pasajeros. Puede demostrar que él es más inteligente, ágil, sagaz y glorioso ser de todo el andén.
Cuando la gente empieza a empujarse para entrar, el PCP grita "¡VAMOOO', DEPACITO, DEPACITO, CON CARIÑO, EHHH, VAMOO' QUE ACÁ NOS QUEREMOS TODOS, EEH!".

Yo creo que este personaje es muy exagerado y triste. No me causa gracia, me da pena. Pero debo admitir que trata de ponerle humor a una situación muy fea y desagradable, y eso es algo rescatable.
A lo largo de toda la historia hay personas que se ponen en ese papel. Porque es bastante importante.

En los campos de concentración siempre había un prisionero que hacía chistes. Tipo "CHEEE, PERO QUE GORDITO TE PUSISTE, EHH!!!", "PAN RAAAAANCIO!! COMO LO EXTRAÑABA AL PAN RANCIO, POR FIN PODEMOS COMER PAN RANCIO, EEEEH!!".
También hay un par entre los Indignados, que dice cosas como "PERO QUE FRESQUITO EL AIRE, EHH!!" cuando les tiran gas pimienta.

Yo soy un poco PCP. Mi chiste es esperar que por el altoparlate digan algo totalmente incomprensible. Y cuando alguien me pregunta "¿¡Qué dijo..!?", yo le digo "dijo que..." y tapo mi boca con una mano mientras digo "dlfdgsd osdfids oadnspidn saofhas".

Está bueno que este personaje esté dando vueltas por el mundo con diferentes disfraces. Porque de esta manera, nos podemos reir y quitarle importancia a asuntos desagradables.

¡El problema es que sus chistes apestan!

23/5/12

Mate

Cuando viajaba en tren y veía a alguien tomar mate, yo me cabreaba.
Podía imaginarme el momento en el que el mate-dependiente me derramara toda el agua caliente (no hirviendo) en la falda o en los pies.

No es que esté en contra del mate. Lo que me molesta es que le den tanta importancia al mate como un diabético a la insulina.
A ver si queda claro; si no tomás mate no te vas a morir. Lo vas a extrañar, vas a sentir que lo necesitás... pero no te vas a morir.
Ponele que tu viaje dura unas 4 horas o más. Entendería por qué te llevás el mate. Pero si el viaje dura una hora y media... ¿Para qué, por qué?

Yo los veía mateando y haciendo equilibrio con el agua caliente (no hirviendo) con el vaivén del tren y me preguntaba qué clase de problema mental tenían.

Hasta que lo entendí: ellos están APROVECHANDO esa hora y media, cosa que yo no hago. Ellos van, hacen algo que les gusta, y esa hora y media no se pierde.
Así que traté de emularlos, y conseguí una Palm para escribir cosas de mi blog (y de mi próxima novela!) en el viaje.
Pero, ¿por qué dejarlo ahí? Si yo veía a las minas que se maquillan, depilan las cejas y pintan las uñas arriba de los medios de transporte.
Así que le dí para adeltante y empecé a cortarme la uñas de los pies en el colectivo. Cuando termino -así como hacen los que necesitan tirar la yerba usada- abro la ventanilla y dejo que mis uñas vuelen libres al viento.
Pero no me detuve: empecé también a afeitarme las axilas. Y ya sé lo que me van a decir: "no te afeites, que después te crece más grueso", y ya sé y tienen razón. Pasa que el tren no tiene enchufes para conectar mi maquinita calienta-cera. Voy a seguir afeitándome hasta que consiga un brasero.

Y ya que estamos, me llevo una palangana de agua caliente (no hirviendo) para meter las patas.
Pero ¿por qué detenerme?, también podría llevar un trapito y jabón así me lavo los sobacos con el agua de la palangana antes de entrar al trabajo.
O puedo directamente pasarme el trapito por todo el cuerpo y así ya no me tengo que bañar. Pero en ese caso debería llevar una esponja y un shampoo. Y un tacho más grande, así me meto adentro. Tipo un barril o algo así. Y escribo desde la bañera arriba del tren, como una diva.

Así que debería llevar una copa de champagne también (las divas siempre están tomando champagne). Y cuando termino de bañarme, salgo y me embadurno en crema, me pongo una bata, una toalla enredada en el pelo y bailo al ritmo de "born this way"... Pasa que es incómodo escuchar con auriculares en bata de baño... bueno, voy a ver de comprarme unas parlantes para el celular (como los que tienen los cumbieros) y así la pongo a todo volumen. Y después me visto. Agarro un caño y una cortina de baño y la trabo con alambre de fardo alrededor de mi asiento así nadie me ve. Y cuando abro la cortina estoy con un vestido negro largo y un collar de perlas mientras fumo un cigarrillo con una boquilla muy larga.

Ah, no... pero yo no fumo.

No, entonces mejor no hago nada de eso. Si no fumo con una boquilla al final de la obra, no tiene sentido.

15/5/12

Raro Al

Quizás esa historia no tenga mucho que ver con las cosas que suelo contar. Pero necesito contarla.

Ayer, lunes, el día no empezó del todo bien: Para empezar, era lunes. No sé porque, pero el lunes tiene un aura negativa que te predispone a estar enojado con la vida. Porque si vamos al caso, el peor día es el miércoles; está en el medio, hace mucho empezó la semana pero a la vez falta mucho para que termine. Además la gente dice "miércoles" en lugar de decir "mierda", no dice "lunes".

En fin. Mi finde había sido bastante malo; Me resbalé con el piso mojado, me caí y me golpeé el dedito chiquito del pie contra la pared. No sólo me lo corté, sino que además ME LO QUEBRÉ.
¿Vieron cuando te golpeás el dedito contra un mueble? Bueno, así. Con las súplicas a Dios y las ofertas al Diablo, sólo que multiplicado 100. Y hay que sumarle el hecho de que como mi dedo además tenía una herida cortante, me tuve que dar la antitetánica. Y no es una inyección que te la dan y se terminó; te la dan y al otro día se te hincha el brazo y no podés moverlo del dolor.

La cuestión es que es lunes, muy temprano, no descansé nada el finde, el colectivo que me lleva a la estación no me para. El que viene después tampoco me para. Sufro una embolia. El tercero sí me para, y viajo parada con la axila de un cumbiero en mi nariz.
En el tren me pegan un codazo en las costllas, y casi me agarro a piñas con un tipo que me tiró del pelo para entrar antes que yo..
Viajo al lado del fuelle, que hace tanto ruido que no me deja escuchar música, mientras que un cumbiero me pone sus zapatillones amarillos y rojos bien pegados a mis zapatillas de lona. Cosa que cada vez que trato de mover el pie, sus zapatillones tiran luces azules, causando que mis ojos tengan que irse a vomitar en reiteradas ocasiones.

Y llego a la oficina. Tarde, pero llego.
A eso de las 11am, mi compañera Eliana empieza a llamar a alguien por teléfono. Grita "LLAMA, LLAMA!!!". Cuando le pregunto qué pasa, me dice "es el teléfono de Weird Al!".

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Paréntesis para quienes no saben quién es Weird Al Yankovic. Si sabés quién es, podés saltearte esta parte, aunque seguro la estás leyendo para ver si lo que digo de él coincide con lo que sabés vos, o quizás para leer que me faltó poner algo que creés importante y así después lo agregás en los comentarios (que será bien recibido, por supuesto!)

Weird Al Yankovic es un músico/comediante estadounidense que es bastante conocido por sus parodias de videos musicales. Son muy graciosas si hablás inglés. Traducidas pierden mucho la gracia de la métrica y las rimas. Mis favoritas son "Eat it" (parodia de "Beat it" de Michael Jackson. Pero es muy muy gracioso sólo si conocen bien el video original, sino les recomiendo mirar primero el de Michael y luego el de Al. Les juro que vale la pena), y  "Smells Like Nirvana", parodia de "Smells Like A Teen Spirit" de Nirvana.
También tiene canciones originales, como "Don't download this song".

Si no entendés inglés y conocés la canción Rapsodia Bohemia de Queen, acá está su cover, versión Polka.

Es un tipo que me gusta hace bastante, y me hace reír mucho. Especialmente porque es buen músico, y es gracioso sin usar insultos ni hacer apología de las drogas o alcohol, ni ser guarango.

Fin del paréntesis
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Entro a Twitter para ver de qué hablaba mi compañera y veo que Al puso "Estoy en el aeopuerto JFK, y tengo media hora libre. Si alguien quire hablar, llame a este Nro del teléfono público" y pone el teléfono.
Yo también me puse a llamarlo, y daba ocupado, o se quedaba mudo. En un momento empezó a llamar (hacía "trrrrrrrruuuuup" en lugar de "puuuuup"). Pero no atendió.
Hasta que a Eliana le cambia la  mirada y dice "hello?" y mientras agacha su cabeza a la altura de sus rodillas dice "is this Al...?", y cuando se pone a gritar lo confirmé. Estábamos en línea con Weird Al Yankovic.
Me puse a gritar "OH MY GOD!!". Ella le contó que estudia medicina y que cada vez que termina un parcial, sale cantando "like a surgeon". Cuando le dijo que lo llamábamos de Argentina se sorprendió y dijo que nunca había hablado con nadie de acá. Después me pasó el teléfono a mí, y yo pensaba "no voy a poder sostener el teléfono, las mano me tiemblan sin parar", y mientras me lo pasa veo que las manos de ella también temblaban sin control. Tomé el teléfono y dije "Hi Al" Y ÉL ME RESPONDIÓ, ME RESPONDIÓ, ME DIJO "hi, how are ya?" y me salía mostaza de los oídos, empecé a convulsionar, y se me chingó el inglés, no sé que cuernos le dije porque se me resbalaba el teléfono por el sudor de las manos. Le conté que me golpeé el dedo y me lo quebré y me dijo "ohh... I'm so sorry for that!" y yo le dije que igual me alegró a semana, y me dijo que no conocía Argentina y que iba a ver de venir, y le dije que sí, que tiene muchos fans acá, y me dijo que bueno, y que se tenía que ir y le dije que tenga un lindo vuelo, y Eliana le gritó "we love you", y Al saludó y cortó (era obvio que nosotras no íbamos a cortar).
Después nos pusimos a gritar de la felicidad y todos nos gritaron que nos calláramos, que estaban trabajando.
Y así es como volvimos a la realidad.

Pero a una realidad mucho más linda.




Minutos después nos sacamos esta foto
Nuestros cerebros no salieron en la foto porque se nos cayeron al piso

7/5/12

El 57

Muchas personas me preguntan, preocupadas, si no hay alguna alternativa al Sarmiento. Y sí, sí la hay; se llama "El 57" y es la línea de colectivos que te lleva de Moreno a Capital, y de Capital a Moreno.
Cuando cuento esto, la gente se alegra, creyendo haber encontrado la solución a todos mis problemas.

Claro, tiene muchas cosas a favor: es un colectivo de larga distancia (con los asientotes acolchonados y todo), no hay gente colada porque tiene una sola puerta, y además tiene aire acondicionado y calefacción.
Pero el 57 tiene sus grandes contras que empecé a conocer mejor mientras más viajaba en él.
Para empezar, el viaje cuesta $6,25 (el Sarmiento sale $1,35. Aunque bueno, eso sí, el Sarmiento cada tanto choca y la gente se muere, pero bué...).
Desde febrero, por razones de público conocimiento, estuve volviendo a Moreno usando el 57. Lo que derivó en problemas económicos que terminé solucionando vendiendo uno de mis hígados (sí, yo tengo 3 hígados. Mi cuerpo tuvo que generar dos hígados extras para poder asimilar todo el chocolate que como).
Antes, ante cualquier eventualidad con el tren, yo me iba a la parada del 57 que queda enfrente de la estación. Y allí descubrí un problema: hay 2 tipos de 57, el Rápido y el Expreso (que me decepcionó porque me imaginaba que se llamaba así porque te daban café expresso, pero no es así). Entonces en Moreno hay dos filas: una para el rápido y otra para el expreso. Pero ahí no termina: hay dos filas por cada uno. Una para el colectivo que sale primero, y otra para el que sale segundo.
Pero se sigue complicando: el espacio para estas filas es del tamaño de una vereda pequeña.
Y sigue: ahí mismo paran muchos otros colectivos para que baje la gente.
Si hacemos un esfuercito le agregamos una cosa más: no hay ningún cartel que indique cuál fila es para qué. Y además (un plus), el 70% de la gente no tiene ni idea que fila está haciendo.
O sea que apenas llegás ves un locro de gente que está toda junta y algunos caminan entre medio, y tenés que andar preguntando, adivinando y poniéndote en cualquier fila.

La última vez que viajé en el 57 para ir a Capital, discutí con el chofer que me gritaba a cada rato que me corriera de donde estaba porque le tapaba los espejos retrovisores, y poco le conformaba mi respuesta: "¡no tengo a dónde correrme, estoy rodeada por una masa compacta de gente!".

Otro problema grave que tiene es que los asientos son reclinables: y quizás esto parezca algo bueno, pero es un arma de doble filo. Porque por un lado está bueno poner tu asiento en 180 grados y dormir como un marrano con las patas desparramadas para todos lados, pero por el otro no está bueno que el marrano de adelante ponga la cabecera de su asiento sobre tus pobres piernas mientras babea disfrutando de su REM.

La otra vez me senté dispuesta a viajar cómoda y felíz, y una señora extremadamente decidida a arruinarme la vida se sienta en el asiento de adelante. Acto seguido, procede a tirar todo su asiento hacia atrás para así quedar en posición de ballena encallada. Me golpea con su asiento en las rodillas y yo pego un chillido de dolor.
Como la chabona no se mosquea, le toco el hombro y le digo con mi voz más dulce: "Ay, disculpame, ¿te molestaría correr el asiento un poquito para adelante? Me lastimás las rodillas...".
La chabona me mira y se vuelve a dar vuelta. Le toco el hombro de nuevo "un poquito más para adelante, no todo, que me lastimás". La tipa me mira y me dice "quiero estar cómoda". Me explotó el cerebro, pero traté de explicarme mejor, aunque ya empiezo a subir el tono de voz "yo también quiero estar cómoda, pero soy alta y mis piernas son muy largas, no puedo correrme más para atrás".
La tipa dice "bueno" y vuelve a acomodarse en su pseudo-cama.
Subo más la voz y digo"GRACIAS, EH, MIL GRACIAS, SOS TODO UN EJEMPLO PARA LA SOCIEDAD".
La chabona ni se mueve.

Al sentir el dolor en mis rodillas por el peso de la Señora Orco, no puedo evitar sentir las ganas de pegarle patadas en la cabeza. La veía queriendo dormitar y mi odio crecía. No podía dejarlo así. Necesitaba que la mina no la pase bien en su viaje.

Así que hice algo que me avergonzó en ese momento y aún me avergüenza: le empecé a patear el asiento. Y estaba tan enojada, que sin dificultades podía hacerlo durante la hora y media que dura el viaje.
Ahí la tipa sí reaccionó: me dijo "sos como una nena de 5 años". Le contesté: "vos también. Traté de hablarte como a una persona grande pero no entendiste, así que bajé  el nivel, a ver si ahora sí me entendés". La tipa se levanta entre insultos y se sienta en otro lado.
Dos paradas más adelante se sienta adelante mío una chabona.  Acto seguido, procede a tirar todo su asiento hacia atrás para así quedar en posición de ballena encallada. Me pega con su asiento en las rodillas y yo viajo con dolor durante una hora y media.

27/4/12

(Paréntesis)

Bueno, es hora de hacer otro paréntesis en el blog.
Es que sigo recibiendo mails y comentarios preguntándome como estoy por lo del accidente, si viajo en tren, cómo me siento, etc.
Así que, si bien se sale un poco de lo que suelo escribir normalmente, me voy a tomar un respiro y contarles seriamente como ando, porque siento que se los debo.

Las semanas siguientes al accidente fue todo bastante difícil. La primera vez que volví a Once después de lo que pasó, tuve un ataque de pánico en la estación al ver que el tren aún seguía ahí. No me lo esperaba.
Me ayudaron dos policías.
Y todo siguió así. Ataques de pánico porque sí en la calle, en mi casa, en el trabajo. La pasé bastante mal. Por ahí estaba en el colectivo y de golpe sentía que el corazón me pinchaba... y me daba cuenta de que estaba pensando en el tren, en el accidente, en los muertos, y eso me causaba ese dolor.
Estuve haciendo terapia, pero sentía que no sabía por donde trabajar para sacar el sufrimiento.

Hace unas semanas, estaba haciendo zapping en la tele. Y paso por un canal de noticias en el que decían que iban a hacer un santuario por las víctimas en los molinetes de Once. Y volví a sentir esa horrenda sensación de muerte inminente, mi ataque de pánico fue tan fuerte que se me reventaba el estómago del dolor, vomité y tuve que llamar al médico quien me dió un par de días de licencia en el laburo.

El día que tuve que volver a Once después de eso, fue bastante duro también.
Sabía que tenía que pasar por el santuario para enfrentar de una vez por todas lo que me estaba pasando.
Bajé del tren y ví que en los molinetes había un pequeño cementerio con corazones de madera en lugar de lápidas. Y me acerqué, aunque no quería. Me tuve que esforzar para dar cada paso hacia ese lugar.
Cuando estuve cerca, me puse a llorar mirando los corazones con los nombres de las víctimas, las cartas, las fotos, las flores.
Me pareció todo tan injusto.

Pero algo cambió. Antes sentía que una nube negra me envolvía y me obligaba a llorar. Ahora sentía que YO era la que estaba llorando.
En un momento me sentí débil y me senté en el suelo. Miraba las fotos, y pensaba en la injusticia, en la arbitrariedad, y en el "¿qué hubiese pasado si mi foto estuviera colgada ahí también?".
Y ahí no sé qué pasó, pero cambió todo. Fue como si me hubiese visto desde afuera, sentada al lado de los muertos. Y yo no estaba muerta, ¿por qué estaba sentada ahí? Ese lugar no me corresponde, yo no pertenezco a ellos. Sentí un tremendo abismo entre ellos y yo. No sé como explicarlo. Me ví viva. Los ví muertos. Entendí que no me pasó nada. No es que yo no supiera que no estaba muerta, pero es como si mi alma no lo entendiera. Y ahí lo entendió.
Y sentí la injusticia, y la tristeza y todo, pero no la sentí en carne propia. No sé si me estoy explicando, fue una sensación rara.
Estuve ahí y hoy estoy acá. Y tengo tanto por que vivir.

Entonces me levanté, y tiré mi pañuelo lleno de lágrimas al tacho de basura. Y ahí tiré el problema.
Todavía me duele lo que pasó, pero ya no me lastima como antes.

Mi terapeuta dice que cuando el día del accidente me fui a trabajar, se fue mi cuerpo. Pero mi alma aún estaba en el andén 2 de la estación.
Y ese día me senté allí, y no me fui hasta que la recuperé.
Ahora la pregunta de "¿y qué hubiese pasado si..:?" tiene una respuesta: "no pasó". "Bueno, pero y si...?" "'Pero y si' nada, no pasó".

Así que hoy sí puedo decir con toda certeza: Estoy bien, gracias por preguntar.



PD: A todo esto, mientras estaba sentada en el andén llorando, se acerca una señora y me dice "vos debés ser familiar, ¿no?" "No" le digo "yo iba en ese tren". La vieja abrió enormemente los ojos y se fue.
Unas horas después me mataba de la risa pensando en el episodio, ¿habrá pensado que era un fantasma?

20/4/12

Los que corren

Si hay algo imposible de perderse en la Ciudad, eso es "Los que corren".
Siempre, pero siempre hay alguien corriendo en algún punto de la Ciudad. Y no por placer, no. Generalmente es para alcanzar un colectivo.
Parecerán todos iguales: cara de desesperación, lengua afuera, ojos fijos en el objetivo. Pero entre todos puedo distinguir a estos:

  • La señora que corre despacito, casi trotando, apenas levantando los pies. Con sus puñitos para arriba y los codos pegados a las costillas.
  • El pibe-gacela que en un momento mientras corre no toca el suelo con ninguno de sus dos pies, y sólo se sabe que está corriendo porque vemos una sombra pasar rápido y sentimos un vientito que desaparece pronto.
  • El señor de traje que corre sin separar sus rodillas ni mover su maletín un segundo, y cada tanto se acomoda la corbata que vuela en dirección opuesta a él anhelando su libertad.
  • El cincuentón de clase baja que pone los brazos como le enseñaron en Fútbol a los 11 años y trota con cara de preocupación y emana un olor a chivo que destruye los árboles a su paso.
  • La chica que alza su puño izquierdo mientras que su mano derecha sostiene su cartera y corre sin levantar las rodillas, con sus tacos que hacen "clank, clank, clank, clank" y sus miles de pulseras que entonan una serenata de metales.
  • La señora que amaga a correr, pero se detiene porque no cree alcanzarlo, que luego se arrepiente y vuelve a amagar que corre pero se arrepiente, que ve que el colectivo le paró a una chica entonces amaga a correr pero al final se arrepiente.
  • El pibe que empieza a correr demasiado tarde y el colectivo lo abandona, entonces se puede leer en sus labios un "CHA T'MADRE!!!"
  • El que empieza a correr desde muy lejos y sabemos que probablemente no llegue y lo alentamos secretamente, aunque más secretamente aún, deseamos que no lo alcance para poder ver cómo es su cara de resignación.
  • El tipo que corre pero tiene miedo de perder su dignidad, entonces hace un pseudo-trote muy lento mientras se balancea de izquierda a derecha, dando la sensación de una corrida renga.
  • La idiota que corre desesperada escupiendo sus pulmones por la vereda, llega al colectivo, paga mientras suda la milanesa que se comió ayer, sus recuerdos y esperanzas, y se sienta empapando el asiento mientras trata de recuperar el aliento que perdió en esa media cuadra que corrió, sólo para darse cuenta de que al colectivo le toma 15 o 20 minutos salir y que haber corrido tenía menos sentido que correr el test de Cooper en la secundaria.
Yo ya no corro más. Siento que cuando corro me traiciono a mí misma. Yo camino, miro los árboles, escucho a los Beatles y puteo a los motociclistas.