12/4/10

Clásicos Capitalienses

Trabajando dos meses y medio en Capital, aún no he visto ningún clásico capitaliense como se ve en la tele. Y con esto me refiero a marchas piqueteras, famosos caminando por las calles, accidentes automovilísticos, ni nada de todas esas cosas que la tele nos muestra como si pasaran cada diez minutos.
El otro día bajé del subte en Carlos Pellegrini, como siempre. Salgo por la misma salida de siempre (a espaldas del obelisco) y camino tranquila por Lavalle, donde disfruto la tranquilidad matutina que existe en las calles peatonales.
Llego al trabajo temprano, como siempre, y me pongo a revisar cosas en Internet. Y claro, trabajando en una oficina, DEBO revisar las noticias.

ULTIMO MOMENTO: UN HOMBRE AMENAZA CON SUICIDARSE TIRÁNDOSE DE UN EDIFICIO ENFRENTE DEL OBELISCO.

¡Pasé por enfrente y no lo ví! ¡Había una grúa, bomberos y policías tratando de calmar al potencial suicida! ¡La Carlos Pellegrini estaba cortada!

No puedo dejar de pensar que quizás habían famosos repartiendo sus millones de dólares, y yo por tratar de aislarme de la ciudad me lo perdí.


Podría haberme comprado caramelos con todo ese dinero...

7/4/10

El Tipo Que Corre

He visto, viajando en el tren, subte y colectivo, que existen varios personajes infaltables en cada travesía.
A uno de ellos me gusta llamarlo "El Tipo Que Corre".

El Tipo Que Corre puede ser hombre o mujer, alto o bajo, gordo o vendedor de pochoclos, pero se lo reconoce facilmente al observarlo no tan detenidamente.
Entre un mar de gente (o tres gatos locos), El Tipo Que Corre siente que su vida se aleja y comienza a Correr. Según él, Corre para alcanzar el tren, el colectivo o subte que está por tomar (aunque subsodichos medios de transportes no estén en la estación aún, o todavía no estén por salir). Dudo mucho que estas sean sus intensiones, ya que en general El Tipo Que Corre siempre alcanza el medio de transporte mucho antes de que éste inicie su recorrido.
He de aclarar que El Tipo Que Corre no siempre logra sentarse para viajar cómodo. Es más, El Tipo Que Corre en general es conformista y se queda parado en el primer vagón en el que subió, siendo que quizás un par de vagones más adelante hay asientos como para toda la comunidad de Etiopía.
Lo más interesante de El Tipo Que Corre, es que parece tener cierta comunicación extrasensorial con otros Tipos Que Corren; en cuanto un Tipo Que Corre empieza a Correr, todos los otros Tipos Que Corren lo siguen, Corriendo con su característica cara de preocupación.
Luego, viajan todos parados sintiendo pena por sus patéticas vidas (o esa es la cara que ponen, aunque sea).

Trato de imaginarme, sin dificultad, el nacimiento de un Tipo Que Corre. Debe ser un parto fácil para la madre.
La mujer se acuesta, y el niño sale Corriendo de su vientre, luego se queda sentado junto a otros Niños Que Corren, todos sucios porque no se dan cuenta que más adelante hay una enfermera limpiando a todos los Niños (Que Corren o No). Entonces se sientan a fumar como si estuviesen en el furgón del tren y hablan de sus patéticas vidas aún no empezadas.

1/4/10

Llamado a la reflexión

Lamento no haber actualizado hace tanto, pero es que el mal humor me sobrepasó estas últimas semanas.
Ayer tuve otra experiencia de porquería en el tren Sarmiento.
Todos en el tren sabemos que estamos todos cansados, y que todos nos levantamos temprano.
Cuando llega el tren al andén, empujamos a todos sólo para sentarnos.

Ahora... ¿No hay límites? Ya de por sí todos entran en el tren antes de que salgan los pasajeros que tienen que bajar y empujan y lastiman a otras personas. Pero lamentablemente esto no es lo peor que hacen... no es la primera vez que haya visto que golpean a un bebé que está en los brazos de su mamá, o que empujan a la madre tanto que el bebé parece caerse. Yo, indignada, trato de hacer de escudo al bebé mientras grito "¡Hay un bebé, hijos de puta!".
Ayer no sólo golpearon a un bebé, sino que nadie paró hasta que una nena se cayó entre el tren y el andén. Digo mal, porque no pararon cuando la nena se cayó, a pesar de que ella estaba a los gritos. No les importó, ellos pasaban igual cuando veían un lugar entre la madre, dos personas más y yo que estabamos tratando de levantar a la nena.
Perdí la cordura. Hice mal y grité cosas como "¡HIJOS DE PUTA, ES UNA NENA!", "¡SOMOS PERSONAS, NO ANIMALES!", "¡POR UN ASIENTO DE MIERDA MIREN LO QUE HACEN!", lo cual estuvo mal porque la nena ya estaba nerviosa de por sí, y no necesitaba mis gritos.


¿A esto hemos llegado? ¿A lastimar a criaturas para sentarnos? El viaje dura una hora, ¿jamás hemos estado parados una hora? Y si es así, ¿por estar sentados una hora vale la pena lastimar a aquellos que se supone debemos proteger?
¿Hasta cuándo le vamos a echar la culpa a los otros? Que se viaja para el traste, que están todas las calles sucias, que hay baches en las avenidas, que las veredas tienen baldosas flojas... es culpa de nosotros.
Vos, que tirás un papelito en la calle porque "todos tiran los papeles en la calle, ¿qué diferencia va a hacer un papel más?" no te das cuenta que todos piensan lo mismo.
"¿Qué diferencia va a hacer que yo empuje? Todos empujan, los otros fueron los que lastimaron al bebé" no, vos también, porque aceptás formar parte de eso.

Al parecer nadie se da cuenta de que el país que tenemos (que llamamos todos "de mierda"), es el país que merecemos (porque somos gente "de mierda"). Una persona que se "aviva", que hace algo mal porque los otros lo hacen, merece el país que tenemos, lleno de corrupción. Somos lo peor de lo peor: aquellos que obran mal, que lastiman a esta sociedad... pero no lo admiten.


11/3/10

Gran decepción capitaliense

¿Quién no se ha llevado una gran decepción en Capital?
A todos nos ha pasado de comprarnos unos caramelos con buena pinta que terminan teniendo gusto a tierra. O alguna prenda, como una remera que termina desgastándose al segundo día de usarla.

Creo que la peor decepción que me llevé en Capital fue en el subte. Yo como siempre iba medio dormida y muriéndome de calor (para los que no saben, en el subte así sea invierno, uno siempre se muere de calor).
Como decía, iba medio dormida en el subte, cuando entran unos músicos (eso siempre me reanima). Dos tipos grandes, de unos 55 ó 60 años. Uno con una guitarra y otro con una trompeta. "¡Buenísimo!" pensé, "dos tipos grandes, la deben tener re clara, encima una trompeta... ¡algo diferente y nuevo en el subte!".
Se acomodan... (yo también), y empieza el guitarrista a hacer un ritmo muy copado con la guitarra. El trompetista se prepara para lanzar esa nota que estabamos esperando, y sale un "fffrruuii".
Todos nos quedamos mirándolo, los que estaban mirando para otro lado, o medio dormidos levantaron la mirada y lo observaron con sorpresa.
El trompetista sigue "frrrar frruurr... frrrri... frrra frrri". Los ojos de todos los pasajeros quedaron desorbitados.
El guitarrista "chan, chara chan chan.... chara chan chan..." "frrrrru... frrriiifrrrii". Creí adivinar que la melodía que tocaba era "la cucaracha".
Terminan de tocar, y nadie aplaude, observando con cara de desagrado al desgraciado trompetista. Bah, trompetista no era, sólo tenía una trompeta.
El guitarrista agradece, y el trompet--... el de la trompeta camina por el vagón con la gorra, sin decir absolutamente nada.
Nadie les dió nada.

Unos meses más tarde ví al de la trompeta tocando solo en el túnel de otra línea de subte. Quiero creer que el guitarrista reconsideró la idea de tocar solo.

8/3/10

Mal humor

Si bien uno siempre trata de no caer en el mal humor, en Capital eso es inevitable.
Es que en Capital, perder 10 minutos significa perder media hora. En mi caso, ya que debo tomar el tren que me lleva de vuelta hasta Moreno, significa que si tardo 10 minutos más, podría llegar tarde a la estación de tren, lo que significaría estar hasta cerca de las 8 de la noche en horario pico.
Por eso uno tiene que ir corriendo, empujar a otros y hacer lo posible para ir adelante de todos. Por supuesto, uno no es el único que corre, empuja y codea, así que es inevitable salir herido.
Entre las heridas, los gritos, cuidar que no te roben el bolso, la cumbia sonando en todos lados, la contaminación audiovisual presente en cada rincón de Capital.... uno no puede evitar sentir cierto mal humor. Si a eso uno le suma que en la oficina de uno hay despidos, reuniones sindicales, charlas con los jefes por problemas con algunos empleados (y todo esto habiendo trabajado sólo un mes)... el mal humor toma control sobre el cuerpo de uno, transformándole la cara en una expresión que familiarmente nos gusta llamar "de orrrrrto".
Llegando a Moreno en el tren, luego de arreglármelas con la interrupción de la línea de subte en la que estaba viajando, de mal humor, cansada y enojada, un señor se levanta de su asiento, comiendo un helado de palito. Me mira y me sonríe. Yo le hago un gesto con la cabeza, casi sin ganas. Me mira, y con los ojos me dice "¿por qué tenés esa cara?". Le contesto "mal día". El hombre me sonríe y me dice con empatía "¿mal día?", asiento con la cabeza. Me sonríe, y se baja en Paso del Rey, no sin decirme "Suerte!".
Esa pavada me reanimó. Es increíble como una pequeña buena acción de una persona, puede revertir las malas acciones de muchas personas.

Luego, por supuesto, viajé en el colectivo con un viejo que tosía cada 5 segundos, y volví de mal humor a casa.

4/3/10

Calles

Como pueblerina, estaba muy acostumbrada a responder "no... ni idea" cuando alguien me preguntaba dónde queda tal calle.
El otro día iba caminando y alguien me para.
-Disculpame, ¿te hago una pregunta?-
-Sí...- (Contesto preparando el "no... ni idea")
-¿La Avenida Corrientes...?-
-Nnn.... ¡Ahhh, sí, queda dos cuadras para allá!-
-Gracias-

Dotada de una gran confianza, camino con la espalda bien derecha y la frente en alto.

-Disculpame, ¿te puedo hacer una pregunta?-
-Sí, claro- (con la seguridad característica de un capitaliense)
-¿La calle Larrea?-
-...-
-¿Y?-
-Nnnnn... No, ni idea...-

Encorvo mi espalda nuevamente y camino mirano al piso.

Soy una pueblerina, ¿a quién quiero engañar?

2/3/10

Conductas inexplicables

Hay entre los capitalienses (y los que trabajan en Capital, como la pueblerina que escribe) ciertas conductas que, como bien dice el título, son inexplicables.
Luego de estar un tiempo en Capital, estas conductas de pronto cobran sentido.


Conducta:
En Capital todos hablan de una muy fea manera, casi fascista, de cualquier persona que parezca cumbiera

Explicación:
Luego de vivir varias veces la falta de respeto, escupitajos, malas contestaciones, música a todo volumen en todos lados, robos, etc, producidos por gente de similares características... se hace inevitable odiar a los que tienen éstas características, por más que sean personas educadas y trabajadoras.

Conducta:
En los transportes de Capital, todos se paran enfrente de las puertas varios minutos antes de su parada.

Explicación:
En Capital, cualquier excusa es buena para estar cerca de una puerta. En Capital todos aman a las puertas.

Conducta:
Yendo a Capital, los pasajeros del tren incendian los vagones por un retraso en el horario normal.

Explicación:

Los retrasos ocurren casi todos los días, la gente viaja como ganado, cada nuevo tren que se fabrica tiene asientos más incómodos y duros que el anterior. Como dice mi padre: "lo extraño es que no incendien los vagones todos los días".

Conducta:
En Capital todos usan audífonos con el volumen muy muy alto, tanto que sin tener los audífonos puestos, una persona puede escuchar exactamente lo que el reproductor de MP3 de la otra persona está reproduciendo.

Explicación:
Inevitablemente van a quedar algo sordos, genial para no tener que estar escuchando los frenazos, gritos, bocinazos y cumbia que resuenan incansablemente en Capital.

Conducta:
En Capital, la gente no se agacha cuando una paloma pasa volando cerca de su cabeza.

Explicación:
Si una persona se agachara cada vez que una paloma vuela cerca de su cabeza, viviría agachada.

Conducta:
En Capital todos tienen cara de traste.

Explicación:
Trabajan y/o viven en Capital.