1/9/11

Historias de colectivos

En los colectivos suceden historias casi todos los días.
Pero como son tan pequeñas, no podía hacer un post decente de cada una de ellas, así que comenzaré a unirlas todas para hacer un post cada tanto de estas pequeñas historias.

¡Seño...!
Había estado lloviendo toda la mañana. Salgo del trabajo y ya no llovía, pero estaba nublado. Voy a esperar el colectivo a la parada y veo que todos los idiotas que lo estaban esperando, en lugar de estar en la parada original, estaban bajo los tinglados de los edificios para protegerse de la lluvia invisible.
Me pongo en fila. Veo que otra persona se pone en la parada original, así que le llamo la atención y le digo "están haciendo fila acá" (nótese como los culpo a los otros).
Una vieja que estaba adelante mío me mira como agradeciéndome. Le sonrío.
Al rato otra persona se pone en la parada original. Hago lo mismo que antes. La vieja también. Le sonrío.
Una chica va y hace fila en la parada original. Me harto y no le digo nada.
La vieja se da vuelta, la señala a la chica y me dice... no se entiende bien escrito, así que hagamos así señor lector: ahora es usted la vieja. Ponga la boca con forma de "O" y diga "¡Se coló!".
Le faltó decirme "Señooo..!"

Deducción
Nos subimos al colectivo, y normalmente le toma 2 minutos llegar a la Avenida 9 de Julio. Ese día fue diferente; estuvo como 15 minutos para hacer lo mismo.
Mientras comienza a cruzarla, y todos nos preguntábamos qué cuernos estaba pasando, en medio de la avenida vemos un camión de bomberos y un taxi todo chamuscado. Una señora de los primeros asientos lo mira con muchísimo detenimiento.
Al rato nos explica "Parece que se incendió un taxi".
¡Bravo, señora! ¡Ahora cuéntenos qué pasa si unimos los colores amarillo y azul!

Ratas inmundas
Cuando los trenes se incendiaron como conté en aquel post, llegué a Liniers sin saber como hacer para llegar a mi trabajo de ahí. Preguntando por todos lados, llegué a encontrar un colectivo. Una chica que estaba esperando el mismo, me preguntó si sabía qué había pasado.
Nos hicimos amigas casuales y estuvimos hablando mientras esperábamos el colectivo, y durante el viaje también.
Casi cuando está llegando a su parada, le suena el teléfono. Le responde al interlocutor de manera muy desagradable, como si fuese su enemigo. Cuando corta me dice:
-Ajjj... mi novio... es un pesado, ¿vos estás de novia?-
-Sí-
(buscando complicidad)-¿No son unas ratas inmundas?-
-Ehmm... no... por lo menos el mío no...-
-Ah, es que yo estoy hace mucho ya-
-Yo estoy hace 5 años y te aseguro que fueron los mejores de mi vida-
-Ah... pasa que yo estoy hace 7- y se baja.

Ya fue. Cancelo el casamiento, ahora me parece maravilloso pero dentro de dos años pensaré que es una "rata inmunda".


Busqué "rata inmunda" en Google y me apareció esta foto:
Rata inmunda

Yo tampoco querría estar de novia con ese chico.

Yo relaciono a mi novio más bien con esta sensación:





Interesante
Casi siempre me quejo porque estando en la Ciudad nunca me pasa nada interesante. Pero nunca. No veo a famosos, ni accidentes de auto, ni personas desmayándose, ni nada de lo que se ve en la tele.
Venía meditando estas cuestiones en el colectivo, medio dormida: "¿por qué nunca me pasa nada interesante...? bbzbzzzzz... por... por qué...? bbzzzzz nunca nada zzz bizarro o loco bbbbzzzzzzzzzzzzzz....".
Me despierta un golpe, y el colectivo gira muy dramáticamente.
¡Chocamos!
¡¡Y YO NO LO VIIIIIIIIIIIIII!!

26/8/11

Insultos

Como muchos de ustedes saben, por haberlo vivido en carne propia o por haberlo leído aquí, viajar en el Sarmiento en hora pico es una experiencia miserable. Son puros insultos, golpes, patadas y risa de gente idiota.
Muchas veces me saco.
A ver... hay una puerta pequeña, mucha gente afuera, mucha gente adentro. La gente de adentro quiere salir, la de afuera quiere entrar y no permite que los de adentro salgan. Se empujan todos. Los que quieren entrar, además de empujar a los que quieren salir, empujan a otros que también quieren entrar, para tener ventaja sobre ellos y poder sentarse.
Algunas personas muy idiotas, creen que es como un juego divertido. Y golpean riéndose, y cuando logran sentarse están un rato largo riéndose.
Las veces que me han golpeado muy fuerte, me han tirado al piso y me han arrancado trozos de mi ropa, me alteré de tal manera que tuve que insultar a los gritos a todos y cada uno.
Una vez me caí al piso golpeándome la rodilla, y me quedó doliendo muchísimo. Ví a uno reírse. Le grité "¿de qué te reís, imbécil?" señalé a un par más "¿y ustedes? ¿tan imbéciles son que se ríen de haber lastimado a otras personas?". Siempre se hace un silencio.
Otra vez me arracaron el cinto de mi tapado. Luego de escuchar el ruido de tela desgarrándose, me toqué y ví que el cinto no estaba más. Miré a ver si lo encontraba en el piso. En cambio, ví a un hombre con mi cinto en la mano con cara de "¿de dónde saqué eso?" y sonriendo. Extendí mi mano y le dije "MÍO". Y mientras me lo devolvía agregué "ANIMAL". El tipo me dice "no, pero me empujaron", "ahh, sí" le contesto, "pero eso no justifica el hecho de que te estés riendo con un pedazo de prenda de alguien". Se quedó callado.

El martes pasado, llegó el tren de dos pisos a Moreno a la mañana temprano. Estaba lleno de gente. Entraron todos empujando, como siempre. Yo me quedé a un costado y entré tranquila. Mientras entraba, un imbécil que empujó y golpeó a todos a las risotadas, se puso a gritarle a su amigo "ABAJO, ABAJO, VAMOS ABAJO, JIJIJIJI!!!!!" y bajó corriendo las escaleras. Yo bajé atrás de él, y cuando estaba correteando hacia un asiento a las carcajadas, le grito "¿¿Qué tenés, 3 años PELOTUDO??". El tipo paró en seco, y me miró. Yo estaba con muchísima cara de indignada y los ojos inyectados en sangre. Lo miré fijo. Él tendría unos 15 años. Se puso blanco. Se sentó en silencio con la cabeza gacha, mirándome tímidamente. Yo me siento y noto que después de mi grito todo el vagón se quedó en silencio, mientras me miraban con cierto aire de miedo.
El bichito de la felicidad que estaba adentro mío explotó, y sus miles de pedacitos comenzaron a bailar. Había una fiesta con música, y piña colada en mi cerebro. Tenía que disimular mi risa con cara de indignada.
Mientras salía papel picado de mi oído, digo "pero por favor... gente grande..." y me acomodo para dormir. En mi cabeza bailamos todo el día.

19/8/11

Infiernos

La otra vez iba pensando idioteces en el Sarmiento (cuándo no..?) y se me ocurrió que si pudiese elegir hacer cualquier cosa en este mundo sería escribir. Y si pudiese elegir hacer cualquier cosa en el Otro Mundo, sería diseñar espacios en el Infierno.
Estuve todo el viaje pensando en maravillosos espacios en el Abismo, diseñados para cierta clase de gente. Aquí van:

Para los que escuchan cumbia con el celular a todo volumen:
Luego de dejarme pegarles una piña personalmente, pasarán a una habitación en la que habrán pantallas gigantes y muchísimos bafles reproduciendo la canción del Nyan Cat eternamente. Y nunca llegarán al estado en que llegué yo, que lo ví tantas veces que me resulta adorable =3



 Para los "avivados":
Vivirán una vida en la que siempre encontrarán miles de oportunidades para hacer una avivada, pero las perderá a todas; aparecerá un tren repleto de gente, y miles de personas esperando que se abra la puerta para entrar. El Condenado verá una ventana abierta, y justo al lado de ella un asiento acolchonadito y hermoso con aire acondicionado. Cuando ponga la primera pata en la ventana, se cerrará lastimándolo. Irá a la enfermería y verá a mucha gente esperando para entrar. Verá una botella con el Remedio Mágico Que Calma Todos Los Dolores, descuidada. Cuando vaya a agarrarla, un policía lo detendrá. En la cárcel, el hombre verá una posible escapatoria, pero cuando está por salir... y así eternamente. El Condenado no será conciente de que está muerto, y adjudicará sus fallas a la mala suerte.

Para los que tiran basura al piso:
Unos Diablillos gigantes los tomarán en sus manos, les quitarán la piel y la arrojarán a la calle. El condenado sentirá ambas partes de su cuerpo; la piel desechada, pisada por automóviles y transeúntes, y el resto del cuerpo, siendo devorado por el Diablillo.

Para los que orinan en el tren:
Ellos se convertirán en El Tren.

Para los idiotas que viajan parados con bebés en brazos sin pedir el asiento, y para los que se levantan antes de que el tren/colectivo llegue a su estación, arriesgándose a tirar al bebé al piso cuando se hace la frenada:
El Condenado pasará el resto de la eternidad como en el nivel "Puppy Love" del juego "Earthworm Jim". Tendrá una almohada que utilizará para amortiguar la caída de miles de bebés que un Diablillo estará lanzando. El Condenado reconocerá como hijo a cada uno de esos millones de bebés y sentirá un inmenso dolor cada vez que uno se caiga al piso y se le rompa la cabeza.







Para los de TBA:
Oh, sí... nos encontramos de nuevo, señores de TBA... el espacio que diseñé para ustedess será una especie de Purgatorio; todo blanco, sin sillas (como en la estación de Once... ¿¿cómo puede ser que no hayan asientos en la estación de Once??). Esperarán cerca de 3 o 4 horas para que llegue El Transporte Súper Maravilloso que los llevará al Cielo. Cuando llegue, todos subirán felices, y tendrán asientos extraordinariamente cómodos. Cuando se sienten y estén a gusto, se esuchará una voz que diga que el Transporte Súper Maravilloso se cancela por problemas técnicos. Todos los días, los de TBA subirán al TSM (que tiene dos pisos y LCDs!!) y se cancelará. Otras veces comenzará a andar, pero se cancelará a la mitad, con diferentes excusas.
El castigo final, es que los de TBA jamás perderán la esperanza de que esta vez el TSM sí llegará a destino, y esperan con ansias el momento.

Mark Chapman: Tengo un lugar súper especial diseñado sólo para vos ;)

Estoy segura de que mis lectores tendrán pensados mejores lugares en el infierno, y espero con ansias que me los describan.
También espero que me saluden mañana, por mi cumpleaños =)

11/8/11

Castelar solamente

La gente en la estación de Castelar puede reconocerme fácilmente: Soy la chica que está llorando.
No es la primer vez ni la última que me encuentro derramando lágrimas en Castelar, mientras trato de secarme los ojos con las mangas de mi remera.
Repaso en mi mente el momento en que tomé el tren en la estación de Once. Recuerdo claramente la voz metálica desde el altoparlante diciendo "plataforma uno lleva como destino Moreno parando en todas las estaciones intermedias". Lo recuerdo porque lo dijo 30 veces mientras esperábamos que partiera.
Sin embargo, al llegar a Castelar, el tren se detiene y se anuncia "Plataforma dos CASTELAR SOLAMENTE".
Yo venía durmiendo tranquila, a pesar del volumen alto del televisor LCD que tiene el nuevísimo y súper tecnológico tren de dos pisos. Y me tuve que levantar y esperar otro tren en la estación de Castelar.
La gente me ve llorando y veo en sus ojos las ganas de consolarme, y sus teorías que golpean su cerebro tratando de determinar el porqué de mi llanto. Algunos imaginarán que murió alguien cercano a mí, otros que me despidieron, robaron o recibí malas noticias. Creo que nadie puede llegar a pensar que estoy llorando por lo mismo que ellos acaban de vivir.
Ellos no saben lo mucho que me duele el abuso a los usuarios por parte de TBA. Las cancelaciones de trenes ocurren practicamente todos los días, el sopresivo "Castelar solamente" le tocó por lo menos una vez a todos los que alguna vez usaron esta línea de ferrocarril.
Una vez cancelaron un tren porque un chico vomitó en el furgón.
Otra vez, porque el maquinista cerró el tren y se fue.
Otra porque hubo un accidente tres estaciones más adelante.
Imagino a los de TBA, perversos, sacando bolillas al azar para decidir así cuál tren cancelar. Los imagino mirándonos salir del tren, con la cabeza gacha, y ellos en éxtasis masturbatorio.

¿Pero saben qué es lo que más me duele?
Que la gente se baje del tren. Más allá de que es un tren que fue inaugurado en Marzo de este año, y que los de TBA nunca utilizan. Lo ponen en horas en las que no viaja casi nadie. Un tren que tiene capacidad para 40% más de usuarios, pero que cuando lo tomamos en once, somos 4 o 5 personas por vagón. Un desperdicio millonario del país. Y que encima de todo tienen el tupé de cancelarlo en Castelar. Es más, la primera vez que viajé en él, lo cancelaron en Merlo (dos estaciones antes de Moreno!).
Lo que más me duele es que la gente se lo aguante. Me duele que anuncien "Castelar solamente" o "plataforma dos cancelado", y la gente diga "uuuh" con una sonrisa, como diciendo "ay, pero que mala suerte tengo!" y SE BA-JE.
¿Se entiende? La gente SE BAJA y se sube al siguiente tren que viene hasta las bolas. Agachan la cabeza y dejan que los pisoteen. Porque esa es la sociedad en la que vivimos. La gente se queja, pero no hace nada para revertir la situación.
Se quejan de que los empujan, y ellos empujan. Se quejan del maltrato, pero ellos lo aceptan.

Me encuentro sola en el tren nuevo. Asientos blanquísimos y LCDs sintonizando Canal 7. Todos están afuera, en el andén. Los más amistosos me dicen "se cancela, vení, hay que tomar el otro". Como diciendo "íbamos a comer torta de chocolate, pero se la llevaron, vení, comamos este sorete que nos dan a cambio".
Y yo lloro. Pero de alguna manera me alegra llorar. Porque tengo alma. Porque no soporto que me obliguen a vivir en desgracia. Porque veo el tren en el que tengo que subir, con manos y caras aplastadas contra el vidrio, despintado y tirando chispas por debajo y me duele.

"Castelar solamente" no es una pavada.

29/7/11

Farmadicción

La Ciudad me parece un lugar horrible. Es todo gris, los autos zumban constantemente, las baldosas están rotas, hay una saturación de gente en las veredas.
Pero todo lo vale, porque Capital tiene el mejor negocio del mundo: se llama Farmacity.
Farmacity es una cadena de farmacias gigante. Ha ampliado tanto el negocio, que allí uno puede comprar tanto cosas de farmacia, como productos de tocador, yuyos, golosinas, CDs, maquillaje, ropa interior, medias, auriculares y muchos más etcéteras.
Siempre salgo del trabajo medio bajoneada; tengo sueño y estuve sentada frente a la compu varias horas. Entonces opto por ir a Farmacity a levantarme el autoestima.
Entrar a Farmacity me hace sentir como una dama rica. Los guardias de seguridad te saludan a la entrada, y te sentís especial. Tenés que dejar tu bolso en un locker, y la llave no es la clásica chiquita de locker, sino que es grande y bonita. Es como si tuvieras tu propia llave del local y te sentís dueño de todo.
Allí empieza el descontrol consumista.



Siempre que voy a comprar una cosa, termino comprando cuatro o cinco.
Todos los productos están exhibidos como en un supermercado, por lo tanto se emplea el sistema de ventas "andá y agarrá". Voy a comprar curitas... pero al lado de las tristes color piel hay unas de Hello Kitty. Sale $2 más... y bueeeno, dos pesos por un gatito tierno no es nada. Voy hacia la caja, pero en el pasillo de al lado hay shampoo. Chusmeo un poco. Hay uno para dar más volumen. Leo el reverso "con keratina que ayuda a fortalecer las puntas y dar un hermoso volumen, con brillo fantástico, aroma a rosas, y estrellas y arcoiris y cachorritos". Tengo que comprarlo... pero debería comprar un acondicionador bueno, también.
Elijo el acondicionador, pero en el pasillo de al lado hay cremas de peinar. "Voy a tener el cabello maravilloso si además compro crema de peinar!!"... compro el que me promete riquezas y 3 deseos.
Y así sigo al pasillo de al lado, que tiene muchas cremas. Quiero una exfoliante, pero no sé cuál. Allí aparece una muchacha de Farmacity que te pregunta si necesitás ayuda. Ella es como una enciclopedia de cremas. Podés preguntarle lo que quieras, que te va a contestar todo, siempre con una sonrisa y haciéndote sentir que sos importante. Cuando elegís tu crema, te deja en paz y te desea un buen día.

Termino comprando esmaltes, sombra de ojos, cremas, medias y chocolates.
Ir a Farmacity es como ir de shopping pero sin que te molesten los vendedores. Y no sólo eso, sino que Farmacity te vende algo más que productos; te vende tu propia belleza.
¿Quién no gastaría $30 en algo que te promete llegar a ser la mejor versión de vos misma?
Yo nunca fui una chica que se preocupara por esas cosas, pero Farmacity tiene la facilidad de hacértelo desear. Cada crema que comprás se siente como un pasaporte a la felicidad.

Lo malo es que nunca podés escapar. Cada dos cuadras hay uno, cada uno más grande, lindo y brillante que el otro, lleno de cremas milagrosas y maquillaje de Revlon.
Mi amiga Karen me decía el otro día "Me mudé muchas veces dentro de Capital, pero siempre tenía un Farmacity cerca. Y abre las 24 horas. O sea que puedo comprar una sopa instantánea y una tira de Diclofenac a las 3 de la mañana. Soy felíz".

¿Saben qué?
Yo también.

22/7/11

Risas

El otro día iba en el Sarmiento tranquila, tratando de descansar y de recuperarme de la gripe y las fuertes fiebres que me afectaron toda la semana.
Pero algo no me dejaba descansar: era un grupo de señoras y un señor que hablaban a los gritos y se reían desmedidamente.
En general, cuando tengo que viajar con gente insoportable por su mediocridad, comienzo un trabajo mental que consiste en odiarlos y en pensar en lo terrible que debe sentirse ser ellos. Me siento mejor al pensar que ellos se están perdiendo algo maravilloso que yo sí puedo apreciar.
Por ejemplo, cuando hay alguno escuchando cumbia, yo pienso "bueno, pobre mediocre. Me está hinchando las bolas, pero él se está pudriendo el cerebro solo. No sabe las cosas que te puede hacer sentir una canción. No sabe lo que es llorar con música que no tiene letra, no sabe lo que es sentir ira, alegría, decepción con un tema. Se está perdiendo tanto...".
La otra vez había unos pibes burlándose de que un tal "Yoni" miraba el Discovery Channel. Lo trataban de nerd y de aburrido. Yo pensaba "bueno, pobres mediocres. No saben las cosas interesantes que pueden aprender, y lo mucho que algunos documentales pueden romperte la cabeza. Felices de ser ignorantes, pobres de mente. Vida mediocre y triste".

Ahora, con éstas personas me sentí desilusionada. Eran muy gritones y ruidosos y no tenían consideración por toda la gente que trataba de descansar un poquito más antes de entrar a trabajar. Pero lo que me hizo pensar "pobres mediocres" fueron sus chistes.
Decían cosas muy básicas, lavadas, predecibles y aburridas... pero se reían como si estuvieran viendo a Monty Python. Cosas como "eeh, no me digas que tenés frío!!" con 2 grados bajo cero hacían que las señoras se quedaran sin aire de la risa.
Entonces empecé mi discurso mental "pobres mediocres, se ríen de cualquier pavada sin saber que...". Y ahí me quedé sin argumentos.
Yo he ampliado mi paladar humorístico, y no me río con todo, sino con lo que tiene cierto tipo de nivel. Los chistes pre-armados (del estilo "entra un hombre en un bar con un pato en la cabeza y el barman el dice...") me parecen bastante tristes. No necesariamente me río de sólo los "chistes para pensar", sino que espero que el humor nazca de situaciones un poco más elaboradas. Me rio de muchas menos cosas que esa gente. Por lo tanto, estoy perdiendo.
Si bien un chiste bien hecho es cultura, la finalidad de un chiste, es hacer reír. No es llenarnos de cultura ni conectarnos emocionalmente con alguien. Es reír. Y si alguien se ríe con absolutamente todo... me está ganando. La mediocre soy yo, que no puede reise con todo.
¿Qué pasaría si pudiera reirme de el chiste "no te veo desde el año pasado!" el primero de Enero? ¿O de los hombres que se visten de mujeres y tienen pelos en las piernas, de los PowerPoints con chistes "de doble sentido"? Sería más felíz y no tendría la necesidad de odiar a la humanidad. Esa semillita que en otras personas genera felicidad, en mí no genera nada.
Triste vida, la mía.

Después volé de fiebre, y quizás esa fue la causa de esta pequeña reflexión.

8/7/11

Mi estrategia

Sentirse cómodo en el Sarmiento no es algo fácil: está lleno de trampas, de falsas esperanzas y de niños gritones.
La parte difícil del Sarmiento es sentarse. Las tácticas que aprendí en este tiempo, no puedo compartirlas con ustedes porque se basan en el instinto.
Pero aún si estamos sentados, quienes definen si nuestro viaje es cómodo o incómodo son las personas que viajan con nosotros.
Por ejemplo, si no viajamos en hora pico, uno puede elegir dónde sentarse. Y esto sí puedo enseñarles; elijan a sus vecinos cuidadosamente.
Con esta gente nunca hay que sentarse:
  • Nunca sentarse cerca de un niño  menor de 10 años:
    No importa si es un bebé dormido o una niña sentada como la duquesa de Alba: eventualmente va a llorar o a gritar. Y si no lo hace por voluntad propia, su madre se va a encargar de que lo haga haciéndole cosquillas o ruidos extraños con la boca para que se ría.
  • Nunca sentarse cerca de alguien que tenga un mate:
    Quien tiene tal deficiencia mental que lo obliga a estar pendiente del mate las 24 horas del día y toma en el tren como si fuese insulina no merece mi confianza. Yo ni por un segundo creo en que si el tren hace una frenada él no va a tirar el agua y la yerba por todos lados. No confío en este ser, y ustedes tampoco deberían.
  • Nunca sentarse cerca de alguien que tenga el celular en la mano:
    Si tiene el celular en la mano, sólo puede significar cuatro cosas: 1) Va a estar mensajeándose todo el viaje y es muy probable que cada vez que apriete una tecla se escuche "pup". 2) Va a estar todo el viaje hablando con su hermana, la Pochola.. 3) Va a poner a Dadi Llanqui o los Guachidiotas a todo volumen. 4) Va a jugar jueguitos todo el viaje con el sonido encendido.
  • No sentarse cerca, ni en el mismo vagón que dos o más chicas hablando:
    Las chicas que hablan, hablan. Tienen una voz chillona y se ríen de cada idiotez que dicen mientras chusmean sobre Fulanito, Menganita y Macri. No hay excepción; si me ven en el tren con una amiga... ¡húyan, húyan!
  • No sentarse al lado de una Señora con Muchas Bolsas (LWLB por sus siglas en inglés):
    Ella no pone sus bolsas en los portabolsos del tren. Todas las LWLB necesitan tener todo entre sus pies. Se le van a caer y vos vas a sentirte obligado a ayudarla todo el viaje. Y si no la ayudás, vas a tener que escuchar sus disculpas constantes.
  • No sentarse cerca de viejos que suspiren diciendo "ahí está..." cuando se sientan:
    Es fija que te van a hablar todo el viaje. Y si encima tienen Muchas Bolsas... ¡húyan, húyan!
  • No sentarse cerca de cumbieros que no estén descansando, tengan auriculares puestos o tengan un celular monofónico:
    Yo sé que no todos los cumbieros hacen esto, pero lo más probable es que pongan cumbia o reguetón a todo volumen con el celular. Si están descansando (cabeza apoyada en la ventana o en el respaldo) es que quiere estar tranquilo. Si tiene un celular monofónico, podés olvidarte de la pesadilla. Ahora, si tiene auriculares hay que evaluar: si se escucha la cumbia a través del auricular, andate; en cuanto en la canción empiece a sonar el sintetizador que parece un mosquito ebrio, puedo asegurarte que vas a querer arrancarte el cerebro por el oído con un sacacorchos.
Si seguís estos consejos al pie de la letra, igual vas a viajar como el culo.
Es el Sarmiento, ¿qué esperabas?