10/12/10

No caminarás por Capital

Voy caminando hacia la estación de Once. Faltan cerca de 10 cuadras para llegar. En eso, me para un chabón:

-Disculpame, ¿la calle Corrientes?
-Eeehhh... calle Corrieeentesss....- (siempre dudo, a pesar de haber venido caminando por Corrientes hasta hacía una cuadra, siempre dudo antes de contestar) -ah, sí, una cuadra para allá... sí, es una cuadra para all--
(me interrumpe)- disculpame, ¿sabés que pasa? No soy de acá y estoy medio perdido-
-Ah.. (yo tampoco soy de acá, te entiendo!)
(parece medio molesto, quiere que lo escuche y que no diga nada)-Y estoy re mal, yo soy de la Villa del bajo Flores...-
-(epa! Bueno, no debo asustarme porque dijo la palabra "villa", aunque lo de "bajo Flores" tampoco me tranquiliza... pero sería discriminar pensar que me va a hacer algo sólo porque es de ahí. Mala Mechi, mala)-
-... y estoy re mal, con todo respeto mire, le digo...-
-(zaz, me va a manguear plata... ¿cómo hago ahora para decirle que no tengo nada e irme? Se está poniendo medio pesado... seguí con tu cara de "te comprendo" que pusiste cuando te dijo que no era de acá)-
-...estuve en una relación mala, me contagié sida...-
-(ahí vamos, sólo quería guita y largó su discursito de "tengo sida"...)-
-...y estoy empastillado en este momento...-
-(Oh, oh... creo que sí es momento de asustarme...)-
-...y yo lo que voy a hacer ahora...-
-(bloqueo mental, empiezo a tener la sensación de que esto no está pasando, que es una pesadilla o algo)-
-...vos podés gritar o hacer lo que quieras...-(mientras busca algo en su bolsillo)
-(AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHH!!!!!!!!! MI AEROSOL, MI AEROSOL DE PIMIENTA DONDE ESTÁ????)-
-...porque ya no me importa nada...-
-(LO TENGO ADENTRO DE LA MOCHILA, NO PUEDO AGARRARLO, NO PUEDO!!!!)-
-...me voy a cortar...- (y empieza a pasarse un pedazo de vidrio por las muñecas)-

En ese momento tomé la precaución de salir corriendo. Me metí a un bar. Me acerco a la barra y toda blanca le explico al mozo lo que había pasado.
-Quedate tranquila, tomate un vaso de agua, tomá...- (me da un vaso con agua. Ahí me dí cuenta lo asustada que estaba, porque no podía sostener bien el vaso. Me asusté tanto que me temblaba todo. O quizás me temblaba todo porque corrí media cuadra y tengo un lamentable estado físico... y yo que quería caminar del laburo a la estación de tren para hacer más ejercicio...)

Otro mozo (de esos que tienen bigote y tienen pinta de tenerla clara) me pregunta qué pasó. Le explico y me dice:
-¡¡QUE-SE-MA-TE!! ¡Si total para lo que sirve! ¡hay que matarlos a todos!


No sé qué me asustó más, si el chabón o el mozo...


No, el chabón, definitivamente el chabón...

8/12/10

In Memoriam


A 30 años de la partida de John.

3/12/10

Caca

A veces en las plazas se ven perros destrozando pañales.
Los perros quizás no sepan que lo que están escarbando son heces. O quizás sí, pero no les importa.
La gente pasa alrededor y los mira; apestan a excrementos. Algunos tratan de alejarse, como yo. Otros se quedan cerca, a pesar del fétido olor.
Peor es cuando hay varios perros y un pañal, y todos juntos lo destrozan en una repugnante lluvia de mierda.
O cuando hay varios perros, y varios pañales, y no hay manera de escapar del olor penetrante. Nosotros, los pobres nocomemierdas tenemos que aguantarlo, porque no queda otra y no hay lugar a dónde ir.
Probablemente, si le preguntáramos al perro, nos contestaría que es un platillo exquisito y que le gusta porque es divertido. Que la comida no es para alimentarse y sentir placer gustativo, sino para divertirse. Al preguntarle si no quisiera probar un buen huesito, un Dog Chow, o algo robado de una parrilla, nos diría que que a él le alcanza con las deposiciones pañalezcas. Que en realidad son todas diferentes, algunas son amarillentas, otras negras, otras tienen granitos de cosas, otros son lisos. A lo que contestaremos: No, perro... eso es mierda y ya. Pero son perros, no entienden.
¿No es una excelente analogía para los que escuchan cumbia a todo volumen en el tren?

23/11/10

Placeres

Capital es un lugar que altera. Más a una tranquila pueblerina como yo. Tantas idas, venidas, puteadas y desechos de perro, logran que hasta Ghandi recurra a la violencia.

Cuando estoy alterada, o deprimida por el ambiente y tengo tiempo para gastar, me gusta ir al correo.
Llego, veo a todos deprimidos, saco número, lo miro; es el 107 y van por el 23. Me quedo parada observando a la gente, escuchando música o meditando.
Una persona se levanta, me acerco al asiento... pero alguien lo toma antes de que pueda llegar. Pasan 20 minutos. Logro sentarme. Una vieja a los gritos, indica que el sistema de correo es una "ver-güenza!". Se arma revuelo, pero al rato todo vuelve a la normalidad.
Una hora...
Hora y media...
Dos horas
Van por el número 100.

En este momento empiezo a mirar la puerta. Veo a una persona que entra, saca número y al ver por el número en que van, pone una tremenda cara de decepción y se acerca, abatido, hacia un lugar más cómodo donde esperar. Ahí sé que es hora de comenzar.
El tipo, con la cabeza gacha, espera resignado su turno. Me acerco, y cuando van por el 106, le entrego mi número 107 y me alejo hacia la puerta.
El hombre se ilumina y empieza a soltar agradecimientos a granel. No, a Granel no, a Mechicabota. Me agradece como si yo fuera un ángel, envuelto en un aura de misterio. Me alejo escuchando sus agradecimientos infinitos. Antes de cruzar la puerta, lo miro con una sonrisa y le digo "de nada", mientras me alejo misteriosamente, como el ángel que parezco.
Luego, éste ángel viaja de vuelta a casa en el Sarmiento con un idiota que escucha reguetón a todo volumen con su celular, y un bebé llororso con las manos llenas de migas de galletitas que se esfuerza por tratar de tocar mi cabello.
Nada que el recuerdo de el maravilloso recital de Paul McCartney no pueda arreglar.

3/11/10

Discriminación capitaliense

Por esas cuestiones de la vida, se me han roto todos los zapatos que tenía (es decir... los dos únicos pares que tenía).
Yo siempre compré los zapatos en Moreno, de la marca más barata posible. Es que cuando Dios me creó, se olvidó de ponerme el gen femenino que ama los zapatos, y de hecho, hasta los odio.
Me han recomendado comprarme zapatos más caros, ya que es probable que me duren más. "OK" pensé "en lugar de comprarme 4 pares por año baratos, compro uno caro, me sale la misma guita y quedo piolín piolita".
En Capital, decidí recorrer las tiendas para encontrar un par de zapatos algo caros que me duraran un par de años. Fui a una tienda que tenía zapatos que más o menos zafaban, para mi gusto. Leo los cartelitos "talles 36 a 39".
Voy a otra que tampoco era la gran cosa, pero me quedé chusmeando. "Hasta talla 39".

Ví unos zapatos en otra tienda que sí me gustaron. Eran negros, algo brillantes, sin taco y con el forro color violeta (¡amo la combinación negro-violeta!).
"Hola, quería ver esos zapatos..." pero la respuesta fue la misma; "hasta 39".
Discriminación capitaliense... ¡en moreno llegan hasta 40!

Algo que deben saber, mis amigos lectores, es que soy una mujer de 1 metro 76 centímetros. Sí, soy una mujer alta. Mis patas, como se imaginarán, son proporcionales a mi altura.
En otras palabras; duermo parada.

Yo y mis tristes 40 de patas hemos transitado este camino desde hace 10 años, cuando en mi cumpleaños número 13 me ví obligada a cambiar la talla de zapatos 3 veces hasta darme cuenta que 40 era mi número nuevo. Desde entonces uso 40, y no porque las patas no me hayan crecido más, sino porque me mutilo los pies para que no crezcan. Mi dedo gordo está chanfleado y se me parte la uña horizontalmente, la punta es bien blanca, tiene un callo que lo abarca casi por completo y tengo muy poca sensibilidad en él. Excepto esos días en los que mis patas pretenden seguir ocupando espacio, y luchan por crecer mientras a mí se me pianta un lagrimón por dolor que me causan, pero sin sacarme las zapatillas porque sé que no puedo permitir que sigan creciendo.

¿Y por qué esta mutilación? Porque 40 es el último talle en zapatos de mujeres. Si calzara 41, ya no podría comprar nada que no sean zapatillas de hombre. Podría quizás, como me han sugerido, comprar en tiendas para travestis. Pero... ¿vieron las plataformas que tienen esos zapatos? ¡No quisiera medir dos metros!
Además, y sin tener nada en contra de las travestis, me sentiría algo humillada... relegada del universo femenino ¡sólo por el hecho de ser alta!
Mandarlos a hacer cuesta de $500 para arriba, y además se me terminaría esa experiencia de ir, ver algo que me gusta, comprarlo e irme a casa. Se transformaría en: ir al lugar en el que hacen por encargo, elegir uno de los modelos de ahí, medirme las patas, ir a casa, esperar unos días, volver a buscarlos, probarlos e ir a casa.

¿Saben cuántas mujeres conozco que calzan 40? Así, al vuelo y sin pensar mucho, pienso en 6 chicas, algunas amigas (¡hola Karen!) y otras conocidas.
Están con esto de la ley del talle, en Argentina, porque las chicas más gorditas no consiguen ropa en cualquier local (¡y chicas no tan gorditas, también! Yo que soy delgada muchas veces no encuentro ropa para mí porque todos los talles son 0!). Pero nadie le da bola a las patonas como Karen y yo. ¿Para cuándo la ley del talle en zapatos?
¿Sabían que a principios del siglo 20, la mujer promedio calzaba 34? En los 40, subió a 35... y en los 60 a 38. En los 80, llegaron a los 39... y ahora ¡el promedio está en 40! ¿Entonces? ¿Nuestros zapatos dónde están? ¿¿¿DONDE ESTÁN, DECIME DÓNDE???
¡¡¡Odio a las zapaterías, odio a la discriminación social, voy a quemar sus malditos zapatitos 36 que ya nadie debe comprar!!!!

Sé que no tiene nada que ver con Capital ni con que yo soy una pueblerina ni con el Sarmiento. Es que estoy indignadaaaaa!!!

Decí que el próximo Jueves lo voy a ver a Paul McCartney en River, que si no...

21/10/10

Los Iluminados

De un momento a otro, una persona común se ilumina.
Así nomás, una persona como vos, como yo... se ilumina. Bah, a una persona como yo, que escribe este blog, no le pasa. A una persona como vos, que lo lee... tampoco creo que le pase.

Estas personas van caminando por la estación de Once. Se chocan con la inmensa cantidad de personas que están esperando el tren, igual que ellos.
De golpe ¡paf! Se iluminan.
Ven un tren inmenso ¡sin pasajeros! Un tren completamente vacío, esperando que la gente suba, y por alguna razón ¡nadie se dió cuenta de que estaba allí!
Los Iluminados caminan emocionados y con cara de lástima hacia los pobres imbéciles in-iluminados que no podemos ver ese tren maravilloso, como un oasis esperando llevarnos a nuestra casita para tomar una chocolatada refrescante.
Los Iluminados pueden todo, excepto escuchar la voz que sale del parlante del andén diciendo "plataforma número dos no efectúa servicio de pasajeros", entonces se sientan bien acomodaditos y nos miran con pena desde la ventana, mientras todos los demás esperamos el siguiente tren en la plataforma tres.
De golpe, ¡paf! Los iluminados se des-iluminan y logran escuchar que ese tren mágico y maravilloso que por alguna razón nadie vió, no efectúa servicio de pasajeros.
Con una sonrisa que trata de disimular la apestosa estupidez que emanan desde todos sus poros, se levantan y miran hacia donde estamos nosotros, los pobres mortales. Hay una chica haciéndoles seña de "helado en la frente" mientras pone cara de retardada. Los Iluminados se enojan. A la chica no le importa porque va a ver a Paul McCartney en Noviembre.

13/10/10

Pensamientos variados.

A veces cuando voy caminando por capital me pongo a pensar que viene Paul McCartney a la Argentina. Y es raro, porque Paul McCartney viene a la Argentina y va a tocar y yo voy a ir.
Entonces se me cruza un pensamiento loco: Paul viniendo a la Argentina. Y después veo que tan equivocada no estoy, porque Paul viene a la Argentina. Entonces se me cruza otro pensamiento loco: Paul viniendo a la Argentina y yo yendo a verlo. Y tampoco es tan loco, porque Paul viene a la Argentina y yo voy a ir a verlo.
Y cuando me pongo a pensar en el 10 de Noviembre (como siempre, ¿quién no piensa en el 10 de Noviembre alguna vez en la vida?) me quedo reflexionando un rato sobre cómo ese día viene McCartney a la Argentina. Y es re loco, porque de hecho, Paul viene.
Y yo voy a ir.
Y lo voy a ver.

Paul.



Y aprovecho esta entrada (la del recital todavía no la pude comprar, el martes recién lo haré. Me refiero a la entrada de este blog, es decir, el post) para presentarles mi nuevo blog de los Beatles: Nowhere Land