La mafia de los bebés me persigue.
Es una guerra injusta: ellos están por todos lados, y yo por tan pocos...
Cuando llego al andén, inevitablemente me encuentro con algunos miembros de su organización. Me ubico estratégicamente en los lugares en los que no haya bebés.
Aquí hay uno, entonces me voy para allá. Voy a tomar un café, hay un bebé en aquella mesa, así que me siento en esta bien lejana.
Pero los bebés pretenden tenerme siempre a la vista. A donde quiera que mire, hay un bebé esperándome.
No hay escapatoria.
Una vez, la suerte colocó a todos los bebés cercanos en un mismo vagón. Así que me fui a otro tranquila y felíz.
Inesperadamente, un bebé pasó viajando en su carruaje humano, y al verme se detuvo allí. El chico sentado al lado mío le da el asiento y el carruaje agradece y se sienta.
El bebé entonces procede a una tortura terrible; llora, grita de alegría, o me toquetea.
Las dos primeras destrozan mis oídos y ganas de vivir.
Pero la tercera es peor.
Por alguna razón, le fascino a la mafia de bebés. Se asoman por entre los asientos para mirarme con ojitos maravillados. Toda la vida me pasó lo mismo; puedo sentir la mirada taladrante de bebé a dos cuadras de distancia. Las manos me comienzan a transpirar, se me cierra la garganta y la respiración se me acelera. Miro a mi alrededor; allí, desde su carruaje humano el infante me observa con las pupilas dilatadas y brillosas mientras me señala con alegría a su madre. Húyo antes de que sea tarde.
Pero cuando el bebé está al lado mío, no hay nada que pueda hacer para huir.
El bebé a mi lado trata de tocarme, de agarrar mis cosas, de llamar la atención para que le hable.
Me toca el pelo con su manecita transpirada y llena de tierra pegoteada. Yo me corro. Se acerca más, y me corro de manera de que su carruaje lo note. El carruaje le dice "Noo, mi amor =)" y me mira sonriendo para que le diga "no pasa nada =)".
Pero, a pesar de sentirme obligada, no lo digo. Me niego a caer en la trampa de la mafia de los bebés. La miro seria y vuelvo a fijar mi vista sobre la ventana.
El bebé agarra mi pin de Elvis, yo se lo saco de la mano con fastidio. "Nooo... eso es de la chica =)" le dice la mamá, y me vuelve a sonreir. No le digo nada.
Cuando termina el viaje, lleno de "noo =)", de pies de bebé en mi ropa, de "GÚ!" y de deditos pequeños investigando todo mi ser, siento como si me hubiesen raptado unos extraterrestres para investigar conmigo. La única esperanza es que me hayan dejado estéril.
Mientras salgo de la estación, camino justo detrás de un carruaje humano de bebé. El bebé está mirando para atrás y me observa.
Estornuda, llenando mi cara de minúsculas partículas de saliva de bebé. Detengo mi marcha, horrorizada, mientras el carruaje le dice "¡Epa! =)" y se va felíz.
21/10/11
17/10/11
Día de mierda
El viernes perdí el colectivo que tomo siempre para ir a la estación de Moreno.
El día empezó normal: sonó el despertador en medio de un sueño maravilloso, lo apagué maldiciendo mi vida (no que realmente la odie, pero a esa hora de la mañana detesto mi existencia).
A los 15 minutos estaba saliendo para tomar el colectivo que tomo puntual todos los días.
El problema fue que, estando a unas cuadras de la parada, lo ví llegar. Temí por mi puntualidad laboral, así que salí corriendo a la máxima velocidad que alcanzaran mis patas.
Tenía que cruzar la ruta para tomarlo, pero los autos no dejaban de pasar ni un segundo. Quería cruzar por entre medio, pero mi instinto de supervivencia no me lo permitió.
Así que ví en cámara lenta como mi maravilloso colectivito se iba felíz hacia el centro de moreno, lleno de arcoiris, estrellas y flores. Y yo, del otro lado gris y lleno de barro.
Mientras sentía una cuchillada en el estómago pensé "bueno. Es momento de perder el control". Así que dejé a mi lógica a que se vaya a tomar un cafecito mientras yo me sacaba la mochila, la revoleaba, la tiraba contra el piso, la pateaba, todo al grito de "LA PUTA QUE LO PARIÓÓÓÓ!!!!".
Luego de un respiro, mis facultades volvieron y decidí esperar el siguiente colectivo.
Apenas doy el primer paso, piso una pileta de barro que me atrapa el pie hasta el tobillo. Miré mi zapatilla embarradísima, mi preciosa media ex-púrpura (ahora negra), y exploté. Me la agarré con la mochila nuevamente.
Llego a la parada, revoleo la mochila al piso y espero el colectivo con frustración, maldiciendo nuevamente mi existencia.
En ese momento, justo enfrente mío, un auto atropella a una moto.
Lo primero que pensé fue "Claramente a él le está yendo muchísimo peor que a mí" y salí corriendo para ayudarlo. Se levantó para putear al automovilista que había cruzado en rojo.
Corrí su mochila, casco y guantes a un costado de la ruta. Un tipo me ayudó con la moto.
La pierna del motociclista comenzó a sangrar, y lo asistimos como pudimos, puteé al automovilista que pedía unas disculpas muy secas, llamé a un patrullero que estaba cerca y traté de darle palabras de aliento al accidentado que temía que lo echaran por llegar tarde a su trabajo.
Luego de 10 o 15 minutos, me dí cuenta de que ya no servía mucho mi estadía, porque ya habían policías allí. Me sentí un poco culpable, porque estaba algo comprometida con la situación, pero viendo que irremediablemente llegaba tarde a mi trabajo decidí irme. Así que le deseé mucha suerte al motociclista y tomé el colectivo que acababa de llegar.
En la estación de tren, tomé uno rápido y viajé sentada. Llegué perfectamente a horario a mi trabajo, fue un día de trabajo muy tranquilo, y además fue VIERNES.
A veces, una miradita pequeña a un verdadero día de mierda, mejora tu existencia por completo.
El día empezó normal: sonó el despertador en medio de un sueño maravilloso, lo apagué maldiciendo mi vida (no que realmente la odie, pero a esa hora de la mañana detesto mi existencia).
A los 15 minutos estaba saliendo para tomar el colectivo que tomo puntual todos los días.
El problema fue que, estando a unas cuadras de la parada, lo ví llegar. Temí por mi puntualidad laboral, así que salí corriendo a la máxima velocidad que alcanzaran mis patas.
Tenía que cruzar la ruta para tomarlo, pero los autos no dejaban de pasar ni un segundo. Quería cruzar por entre medio, pero mi instinto de supervivencia no me lo permitió.
Así que ví en cámara lenta como mi maravilloso colectivito se iba felíz hacia el centro de moreno, lleno de arcoiris, estrellas y flores. Y yo, del otro lado gris y lleno de barro.
Mientras sentía una cuchillada en el estómago pensé "bueno. Es momento de perder el control". Así que dejé a mi lógica a que se vaya a tomar un cafecito mientras yo me sacaba la mochila, la revoleaba, la tiraba contra el piso, la pateaba, todo al grito de "LA PUTA QUE LO PARIÓÓÓÓ!!!!".
Luego de un respiro, mis facultades volvieron y decidí esperar el siguiente colectivo.
Apenas doy el primer paso, piso una pileta de barro que me atrapa el pie hasta el tobillo. Miré mi zapatilla embarradísima, mi preciosa media ex-púrpura (ahora negra), y exploté. Me la agarré con la mochila nuevamente.
Llego a la parada, revoleo la mochila al piso y espero el colectivo con frustración, maldiciendo nuevamente mi existencia.
En ese momento, justo enfrente mío, un auto atropella a una moto.
Lo primero que pensé fue "Claramente a él le está yendo muchísimo peor que a mí" y salí corriendo para ayudarlo. Se levantó para putear al automovilista que había cruzado en rojo.
Corrí su mochila, casco y guantes a un costado de la ruta. Un tipo me ayudó con la moto.
La pierna del motociclista comenzó a sangrar, y lo asistimos como pudimos, puteé al automovilista que pedía unas disculpas muy secas, llamé a un patrullero que estaba cerca y traté de darle palabras de aliento al accidentado que temía que lo echaran por llegar tarde a su trabajo.
Luego de 10 o 15 minutos, me dí cuenta de que ya no servía mucho mi estadía, porque ya habían policías allí. Me sentí un poco culpable, porque estaba algo comprometida con la situación, pero viendo que irremediablemente llegaba tarde a mi trabajo decidí irme. Así que le deseé mucha suerte al motociclista y tomé el colectivo que acababa de llegar.
En la estación de tren, tomé uno rápido y viajé sentada. Llegué perfectamente a horario a mi trabajo, fue un día de trabajo muy tranquilo, y además fue VIERNES.
A veces, una miradita pequeña a un verdadero día de mierda, mejora tu existencia por completo.
a las
9:25
8/10/11
Troll Mechicabota
Mochilazos
Siempre hay algún desubicado que me pone la mochila en la cara. Está parado con la mochila colgada al frente y se pone al lado mío, que estoy sentada.
Apoya toda su mochila en mi cara, como si eso le diera más comodidad. Como casi siempre estoy durmiendo o dormitando, me aprovecho.
Uso su mochila de almohada. Así nomás. Pongo todo el peso de mi cabeza en su mochila.
El inadaptado se empieza a correr. Y yo lo hago junto a él. Mi cabeza está como pegada a su mochila. En un momento, corre su mochila para arriba y él se va para atrás.
Yo medio que me "despierto" y hago mi acto de "oh, dios, cuánto he dormido, oh, oh...".
A veces tengo que hacer esto 4 o 5 veces. Si me dice algo, le pregunto "¿qué...?" mil veces, le pido disculpas y me acomodo para el otro lado. Me hago la dormida nuevamente y me voy corriendo para su lado, como si fuese la gravedad la culpable.
Eventualmente el inadaptado se aleja y viajo tranquila todo el viaje.
Cuando aprenda a fingir babeo, éste proceso me tomará dos minutos.
Boletazos
Me encanta salir del tren entre toda la multitud, ir hacia los molinetes con las manos en los bolsillos, con los auriculares puestos y con cara de "yo no fui". Cuando el guarda me para, trato de seguir de largo; hago de cuenta de que estoy haciendo de cuenta de que no lo vi.
Me agarra de un brazo. Pongo la cara de sorpresa, y de cordero degollado más trucha posible. Me saco los auriculares y le digo "¿qué...? ¿cómo...?".
"EL BOLETO" me dice con cara de pocos amigos mientras me traba la salida con el brazo y toda la gente se le cuela entre los costados. Trata de detenerlos, pero está muy ocupado tratando de que yo no me escape.
Entonces despliego un acto sublime, lleno de toqueteo de bolsillos, de cara de preocupación, de "no sé, yo lo tenía acá..." y evitando el contacto visual.
El boletero me mira con cara de saber el desenlace, y de molesto por toda la gente colada por mi culpa.
Saco el boleto mensual, y se lo doy mirando al piso.
El boletero agarra el boleto, listo para gritar "éste es viejo!" y no dejarme pasar.
Lo mira, ve que es válido y me lo devuelve con un rostro nauseabundo.
Me voy a las carcajadas.
Siempre hay algún desubicado que me pone la mochila en la cara. Está parado con la mochila colgada al frente y se pone al lado mío, que estoy sentada.
Apoya toda su mochila en mi cara, como si eso le diera más comodidad. Como casi siempre estoy durmiendo o dormitando, me aprovecho.
Uso su mochila de almohada. Así nomás. Pongo todo el peso de mi cabeza en su mochila.
El inadaptado se empieza a correr. Y yo lo hago junto a él. Mi cabeza está como pegada a su mochila. En un momento, corre su mochila para arriba y él se va para atrás.
Yo medio que me "despierto" y hago mi acto de "oh, dios, cuánto he dormido, oh, oh...".
A veces tengo que hacer esto 4 o 5 veces. Si me dice algo, le pregunto "¿qué...?" mil veces, le pido disculpas y me acomodo para el otro lado. Me hago la dormida nuevamente y me voy corriendo para su lado, como si fuese la gravedad la culpable.
Eventualmente el inadaptado se aleja y viajo tranquila todo el viaje.
Cuando aprenda a fingir babeo, éste proceso me tomará dos minutos.
Boletazos
Me encanta salir del tren entre toda la multitud, ir hacia los molinetes con las manos en los bolsillos, con los auriculares puestos y con cara de "yo no fui". Cuando el guarda me para, trato de seguir de largo; hago de cuenta de que estoy haciendo de cuenta de que no lo vi.
Me agarra de un brazo. Pongo la cara de sorpresa, y de cordero degollado más trucha posible. Me saco los auriculares y le digo "¿qué...? ¿cómo...?".
"EL BOLETO" me dice con cara de pocos amigos mientras me traba la salida con el brazo y toda la gente se le cuela entre los costados. Trata de detenerlos, pero está muy ocupado tratando de que yo no me escape.
Entonces despliego un acto sublime, lleno de toqueteo de bolsillos, de cara de preocupación, de "no sé, yo lo tenía acá..." y evitando el contacto visual.
El boletero me mira con cara de saber el desenlace, y de molesto por toda la gente colada por mi culpa.
Saco el boleto mensual, y se lo doy mirando al piso.
El boletero agarra el boleto, listo para gritar "éste es viejo!" y no dejarme pasar.
Lo mira, ve que es válido y me lo devuelve con un rostro nauseabundo.
Me voy a las carcajadas.
a las
10:35
23/9/11
Los bloqueadores
Me resulta imposible pensar que las cosas pasan porque sí en la Ciudad. No me vengas a discutir que pasa, que es así, que hay gente idiota. No, no, no. Yo sé que hay gente idiota, pero esta gente no es idiota... sabe lo que hace.
No, no, no acepto ninguna de tus refutaciones. Ésta gente está complotada, no me vengas a embromar. Son criaturas que fueron creadas específicamente para fastidiarnos a los pobres mortales que tenemos que transitar día a día las calles de Buenos Aires.
Son Los Bloqueadores.
Cada uno de ellos tiene su misión en esta vida, y es embromarnos y tornar imposible nuestra vida en la Ciudad.
Un claro ejemplo es cuando todos los humanos vamos caminando despaciiiiito por la vereda, y adelante de todo, encabezando la manifestación, una Bloqueadora con forma de VIEJA.
Siempre hay una vieja adelante de todo, que camina despacio y nos obliga a seguirles el paso. Éste es un buen momento para tomarnos un café; un paso, nos detenemos, un sorbo. Otro paso, nos detenemos, un sorbo.
Estoy planeando aprovechar estos espacios de tiempo para depilarme; un paso, me detengo, cera. Un paso, me detengo, arranco.
Después hay muchos bloqueadores por las veredas del barrio de Once. Este barrio, para los que no lo conocen, tiene todo lo horrible de la ciudad, y nada de lo lindo.
En las veredas hay miles de puestos callejeros que venden ropa "Nikke" o "Abidas". Y allí van, los felices Bloqueadores, que detienen su marcha en seco para mirar las sombras de ojos "Reblon", y uno se los lleva por adelante.
Les empezás a decir "cheee, pero ¿cómo vas a parar así?" "¡Tené cuidado!" o los mirás con cara de "te ODIO", pero ellos no te ven ni te escuchan, cegados por los brillitos de un póster de gatitos que venden en el puesto de al lado.
También están los Bloqueadores que caminan adelante tuyo moviendo sus brazos exageradamente. Ellos cuando caminan tienen que poner los brazos en ángulo recto con respecto al cuerpo. Y después cambian; el que estaba adelante va atrás, también en ángulo recto. Y así por los siglos de los siglos.
Uno para evitar comerse una piña, trata de irlos esquivando. Y ves que entre el Bloqueador y la pared de la vereda hay un pequeño espacio por el que podés pasar. Te movés hacia la pared y aumentás la velocidad para pasarlo.
Pero no. El Bloqueador va caminando lentamente en diagonal para quedar pegadísimo a la pared, y no te queda otra que esquivar los brazasos de aquí hasta que llegues a destino.
En el colectivo también hay muchos Bloqueadores. Ellos se sientan en el asiento del pasillo, dejando libre el que está en la ventanilla, y cuando vos tratás de sentarte en el asiento disponible, ellos no se levantan y te dejan el paso, sino que sentados como están, rotan el cuerpo lentamente hasta que sus rodillas quedan mirando completamente hacia el pasillo, y vos tenés que pasar por ese pequeño espacio que te cedió, con la desagradable sensación de que mientras estás pasando, tu culo queda en la cara del Bloqueador por unos segundos.
Y después están los Bloqueadores que viajan parados, y se quedan en la puerta de salida, sosteniéndose del caño que tiene el timbre, mirándo hacia la puerta, con actitud de "ya toqué el timbre para bajarme en ésta parada". Uno a veces duda, y les pregunta "¿bajás acá? ¿tocaste el timbre?", pero los Bloqueadores de Puertas de Colectivos siempre tienen los auriculares puestos y no te escuchan. Los Bloqueadores jamás bajan del colectivo. Al final uno toca apresuradamente el timbre cuando está a tres edificios de la parada, y el colectivo pega una frenada que hace que te golpees contra todo.
Y hay un tipo más leve de Bloqueadores, pero me molestan de igual manera.
Son los Turistas que viajan en el Bus Turístico de Buenos Aires
Estuvo lloviendo. Estoy a media cuadra de mi trabajo, pero me toma un rato llegar porque las baldosas de la vereda están tan flojas, y esto significa que cualquier pisada incorrecta derivará en agua y barro en mis zapatillas. Es un juego de lógica, y a veces de azar.
Miro al piso; esta baldosa está medio inclinada, pero aquella tiene como un borde negro muy grande... esta parece normal. La piso. No pasa nada. Sigo.
Aquella está rota en el medio. Esta no, pero está demasiado inclinada. Esta tiene una burbujita saliéndole del costado. Bueno, me tiro el lance. Piso. Salta una escupida de agua negra del piso y se estrella contra mis zapatillas. No solo siento la humillación de haber perdido contra un bloque inanimado de concreto, sino que tengo una brotante indignación que explota en mi pecho y me empieza a salir por todos los orificios de la cara. Tengo ganas de gritar. En ese momento, justo en ese, veo el Bus de mierda lleno de turistas felices que me están mirando con ojos maravillados (ellos miran todo con ojos maravillados). Un señor de adelante de todo, con anteojos de sol, gorra, remera a rayas y bermudas está filmando el estúpido recorrido del estúpido bus. Yo, todavía en posición de caminata detenida, los miro con desprecio. El bus se va y siguen viendo la maravillosa ciudad llena de luces.
Yo sigo caminando y sigo viendo la detestable ciudad llena de caca de perro y baldosas flojas.
No, no, no acepto ninguna de tus refutaciones. Ésta gente está complotada, no me vengas a embromar. Son criaturas que fueron creadas específicamente para fastidiarnos a los pobres mortales que tenemos que transitar día a día las calles de Buenos Aires.
Son Los Bloqueadores.
Cada uno de ellos tiene su misión en esta vida, y es embromarnos y tornar imposible nuestra vida en la Ciudad.
Un claro ejemplo es cuando todos los humanos vamos caminando despaciiiiito por la vereda, y adelante de todo, encabezando la manifestación, una Bloqueadora con forma de VIEJA.
Siempre hay una vieja adelante de todo, que camina despacio y nos obliga a seguirles el paso. Éste es un buen momento para tomarnos un café; un paso, nos detenemos, un sorbo. Otro paso, nos detenemos, un sorbo.
Estoy planeando aprovechar estos espacios de tiempo para depilarme; un paso, me detengo, cera. Un paso, me detengo, arranco.
Después hay muchos bloqueadores por las veredas del barrio de Once. Este barrio, para los que no lo conocen, tiene todo lo horrible de la ciudad, y nada de lo lindo.
En las veredas hay miles de puestos callejeros que venden ropa "Nikke" o "Abidas". Y allí van, los felices Bloqueadores, que detienen su marcha en seco para mirar las sombras de ojos "Reblon", y uno se los lleva por adelante.
Les empezás a decir "cheee, pero ¿cómo vas a parar así?" "¡Tené cuidado!" o los mirás con cara de "te ODIO", pero ellos no te ven ni te escuchan, cegados por los brillitos de un póster de gatitos que venden en el puesto de al lado.
También están los Bloqueadores que caminan adelante tuyo moviendo sus brazos exageradamente. Ellos cuando caminan tienen que poner los brazos en ángulo recto con respecto al cuerpo. Y después cambian; el que estaba adelante va atrás, también en ángulo recto. Y así por los siglos de los siglos.
Uno para evitar comerse una piña, trata de irlos esquivando. Y ves que entre el Bloqueador y la pared de la vereda hay un pequeño espacio por el que podés pasar. Te movés hacia la pared y aumentás la velocidad para pasarlo.
Pero no. El Bloqueador va caminando lentamente en diagonal para quedar pegadísimo a la pared, y no te queda otra que esquivar los brazasos de aquí hasta que llegues a destino.
En el colectivo también hay muchos Bloqueadores. Ellos se sientan en el asiento del pasillo, dejando libre el que está en la ventanilla, y cuando vos tratás de sentarte en el asiento disponible, ellos no se levantan y te dejan el paso, sino que sentados como están, rotan el cuerpo lentamente hasta que sus rodillas quedan mirando completamente hacia el pasillo, y vos tenés que pasar por ese pequeño espacio que te cedió, con la desagradable sensación de que mientras estás pasando, tu culo queda en la cara del Bloqueador por unos segundos.
Y después están los Bloqueadores que viajan parados, y se quedan en la puerta de salida, sosteniéndose del caño que tiene el timbre, mirándo hacia la puerta, con actitud de "ya toqué el timbre para bajarme en ésta parada". Uno a veces duda, y les pregunta "¿bajás acá? ¿tocaste el timbre?", pero los Bloqueadores de Puertas de Colectivos siempre tienen los auriculares puestos y no te escuchan. Los Bloqueadores jamás bajan del colectivo. Al final uno toca apresuradamente el timbre cuando está a tres edificios de la parada, y el colectivo pega una frenada que hace que te golpees contra todo.
Y hay un tipo más leve de Bloqueadores, pero me molestan de igual manera.
Son los Turistas que viajan en el Bus Turístico de Buenos Aires
Estuvo lloviendo. Estoy a media cuadra de mi trabajo, pero me toma un rato llegar porque las baldosas de la vereda están tan flojas, y esto significa que cualquier pisada incorrecta derivará en agua y barro en mis zapatillas. Es un juego de lógica, y a veces de azar.
Miro al piso; esta baldosa está medio inclinada, pero aquella tiene como un borde negro muy grande... esta parece normal. La piso. No pasa nada. Sigo.
Aquella está rota en el medio. Esta no, pero está demasiado inclinada. Esta tiene una burbujita saliéndole del costado. Bueno, me tiro el lance. Piso. Salta una escupida de agua negra del piso y se estrella contra mis zapatillas. No solo siento la humillación de haber perdido contra un bloque inanimado de concreto, sino que tengo una brotante indignación que explota en mi pecho y me empieza a salir por todos los orificios de la cara. Tengo ganas de gritar. En ese momento, justo en ese, veo el Bus de mierda lleno de turistas felices que me están mirando con ojos maravillados (ellos miran todo con ojos maravillados). Un señor de adelante de todo, con anteojos de sol, gorra, remera a rayas y bermudas está filmando el estúpido recorrido del estúpido bus. Yo, todavía en posición de caminata detenida, los miro con desprecio. El bus se va y siguen viendo la maravillosa ciudad llena de luces.
Yo sigo caminando y sigo viendo la detestable ciudad llena de caca de perro y baldosas flojas.
a las
9:20
8/9/11
Bichos
En el tren hay un tipo de bicho muy temible del que uno debe cuidarse constantemente.
En general, hay bastantes tipos de bichos: hormigas, mosquitos, arañas y cumbieros. Pero este bicho es aún peor.
Hablo de las sanguijuelas.
Las sanguijuelas son un tipo de bicho que tiene forma de persona y cuyo único propósito en la vida es alimentarse de la comodidad de los pasajeros.
A veces cuesta reconocerlos, y uno advierte su presencia cuando ya es demasiado tarde.
La sanguijuela entra al tren y parece un pasajero más, pero muestra la hilacha cuando se acomoda; en lugar de agarrarse del pasamanos normalmente, una sanguijuela se agarra de uno de los asientos, colocando su mano en el medio del respaldo (fig 1).
Si la víctima no se da cuenta de su presencia, la sanguijuela comenza a mover sus piernas hacia el lado de la ventanilla, hasta ocupar todo el espacio (fig 2).
Los síntomas de la víctima suelen ser: incomodidad, dolor en las piernas y glúteos, calambres y vómitos.
La mejor manera de evitar estos problemas es notar la presencia de la sanguijuela lo antes posible y ofrecer resistencia con las piernas, para que no pueda entrar a su espacio.
En caso de no poder hacerlo, se recomienda abrir fuego.
En general, hay bastantes tipos de bichos: hormigas, mosquitos, arañas y cumbieros. Pero este bicho es aún peor.
Hablo de las sanguijuelas.
Las sanguijuelas son un tipo de bicho que tiene forma de persona y cuyo único propósito en la vida es alimentarse de la comodidad de los pasajeros.
A veces cuesta reconocerlos, y uno advierte su presencia cuando ya es demasiado tarde.
La sanguijuela entra al tren y parece un pasajero más, pero muestra la hilacha cuando se acomoda; en lugar de agarrarse del pasamanos normalmente, una sanguijuela se agarra de uno de los asientos, colocando su mano en el medio del respaldo (fig 1).
| Figura 1: Sanguijuela comenzando su labor |
| Figura 2: Sanguijuela exitosa |
La mejor manera de evitar estos problemas es notar la presencia de la sanguijuela lo antes posible y ofrecer resistencia con las piernas, para que no pueda entrar a su espacio.
En caso de no poder hacerlo, se recomienda abrir fuego.
a las
8:35
1/9/11
Historias de colectivos
En los colectivos suceden historias casi todos los días.
Pero como son tan pequeñas, no podía hacer un post decente de cada una de ellas, así que comenzaré a unirlas todas para hacer un post cada tanto de estas pequeñas historias.
¡Seño...!
Había estado lloviendo toda la mañana. Salgo del trabajo y ya no llovía, pero estaba nublado. Voy a esperar el colectivo a la parada y veo que todos losidiotas que lo estaban esperando, en lugar de estar en la parada original, estaban bajo los tinglados de los edificios para protegerse de la lluvia invisible.
Me pongo en fila. Veo que otra persona se pone en la parada original, así que le llamo la atención y le digo "están haciendo fila acá" (nótese como los culpo a los otros).
Una vieja que estaba adelante mío me mira como agradeciéndome. Le sonrío.
Al rato otra persona se pone en la parada original. Hago lo mismo que antes. La vieja también. Le sonrío.
Una chica va y hace fila en la parada original. Me harto y no le digo nada.
La vieja se da vuelta, la señala a la chica y me dice... no se entiende bien escrito, así que hagamos así señor lector: ahora es usted la vieja. Ponga la boca con forma de "O" y diga "¡Se coló!".
Le faltó decirme "Señooo..!"
Deducción
Nos subimos al colectivo, y normalmente le toma 2 minutos llegar a la Avenida 9 de Julio. Ese día fue diferente; estuvo como 15 minutos para hacer lo mismo.
Mientras comienza a cruzarla, y todos nos preguntábamos qué cuernos estaba pasando, en medio de la avenida vemos un camión de bomberos y un taxi todo chamuscado. Una señora de los primeros asientos lo mira con muchísimo detenimiento.
Al rato nos explica "Parece que se incendió un taxi".
¡Bravo, señora! ¡Ahora cuéntenos qué pasa si unimos los colores amarillo y azul!
Ratas inmundas
Cuando los trenes se incendiaron como conté en aquel post, llegué a Liniers sin saber como hacer para llegar a mi trabajo de ahí. Preguntando por todos lados, llegué a encontrar un colectivo. Una chica que estaba esperando el mismo, me preguntó si sabía qué había pasado.
Nos hicimos amigas casuales y estuvimos hablando mientras esperábamos el colectivo, y durante el viaje también.
Casi cuando está llegando a su parada, le suena el teléfono. Le responde al interlocutor de manera muy desagradable, como si fuese su enemigo. Cuando corta me dice:
-Ajjj... mi novio... es un pesado, ¿vos estás de novia?-
-Sí-
(buscando complicidad)-¿No son unas ratas inmundas?-
-Ehmm... no... por lo menos el mío no...-
-Ah, es que yo estoy hace mucho ya-
-Yo estoy hace 5 años y te aseguro que fueron los mejores de mi vida-
-Ah... pasa que yo estoy hace 7- y se baja.
Ya fue. Cancelo el casamiento, ahora me parece maravilloso pero dentro de dos años pensaré que es una "rata inmunda".
Busqué "rata inmunda" en Google y me apareció esta foto:
Interesante
Casi siempre me quejo porque estando en la Ciudad nunca me pasa nada interesante. Pero nunca. No veo a famosos, ni accidentes de auto, ni personas desmayándose, ni nada de lo que se ve en la tele.
Venía meditando estas cuestiones en el colectivo, medio dormida: "¿por qué nunca me pasa nada interesante...? bbzbzzzzz... por... por qué...? bbzzzzz nunca nada zzz bizarro o loco bbbbzzzzzzzzzzzzzz....".
Me despierta un golpe, y el colectivo gira muy dramáticamente.
¡Chocamos!
¡¡Y YO NO LO VIIIIIIIIIIIIII!!
Pero como son tan pequeñas, no podía hacer un post decente de cada una de ellas, así que comenzaré a unirlas todas para hacer un post cada tanto de estas pequeñas historias.
¡Seño...!
Había estado lloviendo toda la mañana. Salgo del trabajo y ya no llovía, pero estaba nublado. Voy a esperar el colectivo a la parada y veo que todos los
Me pongo en fila. Veo que otra persona se pone en la parada original, así que le llamo la atención y le digo "están haciendo fila acá" (nótese como los culpo a los otros).
Una vieja que estaba adelante mío me mira como agradeciéndome. Le sonrío.
Al rato otra persona se pone en la parada original. Hago lo mismo que antes. La vieja también. Le sonrío.
Una chica va y hace fila en la parada original. Me harto y no le digo nada.
La vieja se da vuelta, la señala a la chica y me dice... no se entiende bien escrito, así que hagamos así señor lector: ahora es usted la vieja. Ponga la boca con forma de "O" y diga "¡Se coló!".
Le faltó decirme "Señooo..!"
Deducción
Nos subimos al colectivo, y normalmente le toma 2 minutos llegar a la Avenida 9 de Julio. Ese día fue diferente; estuvo como 15 minutos para hacer lo mismo.
Mientras comienza a cruzarla, y todos nos preguntábamos qué cuernos estaba pasando, en medio de la avenida vemos un camión de bomberos y un taxi todo chamuscado. Una señora de los primeros asientos lo mira con muchísimo detenimiento.
Al rato nos explica "Parece que se incendió un taxi".
¡Bravo, señora! ¡Ahora cuéntenos qué pasa si unimos los colores amarillo y azul!
Ratas inmundas
Cuando los trenes se incendiaron como conté en aquel post, llegué a Liniers sin saber como hacer para llegar a mi trabajo de ahí. Preguntando por todos lados, llegué a encontrar un colectivo. Una chica que estaba esperando el mismo, me preguntó si sabía qué había pasado.
Nos hicimos amigas casuales y estuvimos hablando mientras esperábamos el colectivo, y durante el viaje también.
Casi cuando está llegando a su parada, le suena el teléfono. Le responde al interlocutor de manera muy desagradable, como si fuese su enemigo. Cuando corta me dice:
-Ajjj... mi novio... es un pesado, ¿vos estás de novia?-
-Sí-
(buscando complicidad)-¿No son unas ratas inmundas?-
-Ehmm... no... por lo menos el mío no...-
-Ah, es que yo estoy hace mucho ya-
-Yo estoy hace 5 años y te aseguro que fueron los mejores de mi vida-
-Ah... pasa que yo estoy hace 7- y se baja.
Ya fue. Cancelo el casamiento, ahora me parece maravilloso pero dentro de dos años pensaré que es una "rata inmunda".
Busqué "rata inmunda" en Google y me apareció esta foto:
![]() |
| Rata inmunda |
Yo tampoco querría estar de novia con ese chico.
Yo relaciono a mi novio más bien con esta sensación:
Interesante
Casi siempre me quejo porque estando en la Ciudad nunca me pasa nada interesante. Pero nunca. No veo a famosos, ni accidentes de auto, ni personas desmayándose, ni nada de lo que se ve en la tele.
Venía meditando estas cuestiones en el colectivo, medio dormida: "¿por qué nunca me pasa nada interesante...? bbzbzzzzz... por... por qué...? bbzzzzz nunca nada zzz bizarro o loco bbbbzzzzzzzzzzzzzz....".
Me despierta un golpe, y el colectivo gira muy dramáticamente.
¡Chocamos!
¡¡Y YO NO LO VIIIIIIIIIIIIII!!
a las
17:12
26/8/11
Insultos
Como muchos de ustedes saben, por haberlo vivido en carne propia o por haberlo leído aquí, viajar en el Sarmiento en hora pico es una experiencia miserable. Son puros insultos, golpes, patadas y risa de gente idiota.
Muchas veces me saco.
A ver... hay una puerta pequeña, mucha gente afuera, mucha gente adentro. La gente de adentro quiere salir, la de afuera quiere entrar y no permite que los de adentro salgan. Se empujan todos. Los que quieren entrar, además de empujar a los que quieren salir, empujan a otros que también quieren entrar, para tener ventaja sobre ellos y poder sentarse.
Algunas personas muy idiotas, creen que es como un juego divertido. Y golpean riéndose, y cuando logran sentarse están un rato largo riéndose.
Las veces que me han golpeado muy fuerte, me han tirado al piso y me han arrancado trozos de mi ropa, me alteré de tal manera que tuve que insultar a los gritos a todos y cada uno.
Una vez me caí al piso golpeándome la rodilla, y me quedó doliendo muchísimo. Ví a uno reírse. Le grité "¿de qué te reís, imbécil?" señalé a un par más "¿y ustedes? ¿tan imbéciles son que se ríen de haber lastimado a otras personas?". Siempre se hace un silencio.
Otra vez me arracaron el cinto de mi tapado. Luego de escuchar el ruido de tela desgarrándose, me toqué y ví que el cinto no estaba más. Miré a ver si lo encontraba en el piso. En cambio, ví a un hombre con mi cinto en la mano con cara de "¿de dónde saqué eso?" y sonriendo. Extendí mi mano y le dije "MÍO". Y mientras me lo devolvía agregué "ANIMAL". El tipo me dice "no, pero me empujaron", "ahh, sí" le contesto, "pero eso no justifica el hecho de que te estés riendo con un pedazo de prenda de alguien". Se quedó callado.
El martes pasado, llegó el tren de dos pisos a Moreno a la mañana temprano. Estaba lleno de gente. Entraron todos empujando, como siempre. Yo me quedé a un costado y entré tranquila. Mientras entraba, un imbécil que empujó y golpeó a todos a las risotadas, se puso a gritarle a su amigo "ABAJO, ABAJO, VAMOS ABAJO, JIJIJIJI!!!!!" y bajó corriendo las escaleras. Yo bajé atrás de él, y cuando estaba correteando hacia un asiento a las carcajadas, le grito "¿¿Qué tenés, 3 años PELOTUDO??". El tipo paró en seco, y me miró. Yo estaba con muchísima cara de indignada y los ojos inyectados en sangre. Lo miré fijo. Él tendría unos 15 años. Se puso blanco. Se sentó en silencio con la cabeza gacha, mirándome tímidamente. Yo me siento y noto que después de mi grito todo el vagón se quedó en silencio, mientras me miraban con cierto aire de miedo.
El bichito de la felicidad que estaba adentro mío explotó, y sus miles de pedacitos comenzaron a bailar. Había una fiesta con música, y piña colada en mi cerebro. Tenía que disimular mi risa con cara de indignada.
Mientras salía papel picado de mi oído, digo "pero por favor... gente grande..." y me acomodo para dormir. En mi cabeza bailamos todo el día.
Muchas veces me saco.
A ver... hay una puerta pequeña, mucha gente afuera, mucha gente adentro. La gente de adentro quiere salir, la de afuera quiere entrar y no permite que los de adentro salgan. Se empujan todos. Los que quieren entrar, además de empujar a los que quieren salir, empujan a otros que también quieren entrar, para tener ventaja sobre ellos y poder sentarse.
Algunas personas muy idiotas, creen que es como un juego divertido. Y golpean riéndose, y cuando logran sentarse están un rato largo riéndose.
Las veces que me han golpeado muy fuerte, me han tirado al piso y me han arrancado trozos de mi ropa, me alteré de tal manera que tuve que insultar a los gritos a todos y cada uno.
Una vez me caí al piso golpeándome la rodilla, y me quedó doliendo muchísimo. Ví a uno reírse. Le grité "¿de qué te reís, imbécil?" señalé a un par más "¿y ustedes? ¿tan imbéciles son que se ríen de haber lastimado a otras personas?". Siempre se hace un silencio.
Otra vez me arracaron el cinto de mi tapado. Luego de escuchar el ruido de tela desgarrándose, me toqué y ví que el cinto no estaba más. Miré a ver si lo encontraba en el piso. En cambio, ví a un hombre con mi cinto en la mano con cara de "¿de dónde saqué eso?" y sonriendo. Extendí mi mano y le dije "MÍO". Y mientras me lo devolvía agregué "ANIMAL". El tipo me dice "no, pero me empujaron", "ahh, sí" le contesto, "pero eso no justifica el hecho de que te estés riendo con un pedazo de prenda de alguien". Se quedó callado.
El martes pasado, llegó el tren de dos pisos a Moreno a la mañana temprano. Estaba lleno de gente. Entraron todos empujando, como siempre. Yo me quedé a un costado y entré tranquila. Mientras entraba, un imbécil que empujó y golpeó a todos a las risotadas, se puso a gritarle a su amigo "ABAJO, ABAJO, VAMOS ABAJO, JIJIJIJI!!!!!" y bajó corriendo las escaleras. Yo bajé atrás de él, y cuando estaba correteando hacia un asiento a las carcajadas, le grito "¿¿Qué tenés, 3 años PELOTUDO??". El tipo paró en seco, y me miró. Yo estaba con muchísima cara de indignada y los ojos inyectados en sangre. Lo miré fijo. Él tendría unos 15 años. Se puso blanco. Se sentó en silencio con la cabeza gacha, mirándome tímidamente. Yo me siento y noto que después de mi grito todo el vagón se quedó en silencio, mientras me miraban con cierto aire de miedo.
El bichito de la felicidad que estaba adentro mío explotó, y sus miles de pedacitos comenzaron a bailar. Había una fiesta con música, y piña colada en mi cerebro. Tenía que disimular mi risa con cara de indignada.
Mientras salía papel picado de mi oído, digo "pero por favor... gente grande..." y me acomodo para dormir. En mi cabeza bailamos todo el día.
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