A veces en las estaciones de subte, ocurre algo extraordinario; la gente pasa de ser un grupo de personas, a ser un grupo de palomas. A mí me gusta llamarles "Las Palsonas"
Sucede así; uno va caminado lo más pancho, esperando hacer combinación para llegar a su destino cuando de pronto ve tres o cuatro grupos de Palsonas que picotean desesperadamente mientras aletean con sus brazos para obtener lo que desean.
No les interesa a quién deban golpear con sus alas desprovistas de plumas, no ven nada más que su interés y están dispuestas a ser atropelladas, ser golpeadas y espantadas con tal de conseguir ESO.
El pobre chico que entrega gratis el periódico La Razón se agacha y protege su cabeza, mientras extiende sus bracitos lo más rápido que puede para dar la edición del diario y no ser lastimado por las Palsonas.
Una Palsona arrulla, picotea y defeca sobre la víctima, y luego se va con su diario. Pero atrás vienen más Palsonas, y la entrega de diarios se hace insoportablemente larga.
Luego de que todos los diarios del chico desaparecen, el grupo de Palsonas rápidamente se aleja sin chistar, y se puede ver al chico a medida que se van alejando de él. Tiene la ropa desacomodada y la visera al revés. En la mano sólo le queda el hilo que ataba el paquete de diarios. Se incorpora lentamente, como un cervatillo recién nacido, mientras trata de recibir una bocanada de aire y luce muy confundido.
Las Palsonas se transforman nuevamente en personas distinguidas de traje y corbata y van a tomar el colectivo mientras leen el diario con aire de Nobleza a la vez que beben café de McDonalds que compraron con el cupón que aparece en el diario.
26/4/11
11/3/11
Horrible, horrible viaje.
Tren lleno. Yo enterrada en una masa compacta de gente. No hay aire, sólo dióxido de carbono.
El pelo se me pegotea a la nuca, los codos de terceros se me clavan en las costillas. Miro mis manos; sobre ella hay miles de minúsculas gotitas brillantes.
Es sólo un día más en el tren, acompañada como siempre de:
El pelo se me pegotea a la nuca, los codos de terceros se me clavan en las costillas. Miro mis manos; sobre ella hay miles de minúsculas gotitas brillantes.
Es sólo un día más en el tren, acompañada como siempre de:
- El idiota que se ríe: Entra a los golpes y riéndose en el tren. Suele tener una gorrita y masca chicle. A él lo golpean, lo pisan, lo empujan... y él se ríe. Se ríe de su desgracia y de su inmundicia. Se ríe de la injusticia y del dolor. Se ríe del olor a pata, de su cara de idiota y de su mediocridad. A él le da gracia sentirse como escoria miserable en el Sarmiento. Su película favorita es Jackass y duerme en una cama de clavos a las carcajadas mientras el perro del vecino ladra y ladra.
- El Brazo Anónimo: A pesar de estar en una masa compacta de gente de la cual es imposible caerse, El Brazo atraviesa todo el tren en busca de un caño que logre sostener a su dueño. El Brazo siempre pasa por enfrente de la cara de uno, bien pegada, cosa que uno tenga que girar levemente la cabeza para no tener sus pelitos en la nariz. El Brazo siempre termina en una axila que apesta.
- La señora que pide que no la toquen: La Señora siempre pide que no la toquen. Sin importar que la distancia entre cuerpo y cuerpo sea de medio milímetro, la Señora insiste en que no la toquen ni un poco (no vaya a ser que le arrebaten el olor a naftalina, por una de esas casualidades...).
- El señor que burla a la Señora que pide que no la toquen: Este señor siempre burla a la anterior señora diciéndole "ay, tiene miedo de que la violen" y busca complicidad del resto de los pasajeros, aunque nadie le da bola nunca. Al final se enoja y le dice "Si no le gusta el transporte público, viaje en auto".
- El que putea en voz baja: Este tipo sólo está en el mundo para decir susurrando "puta madre, che", "ppffff...", "connnnncha de la lora", etc.
- La excepción: Este personaje cambia. Es el único que nunca es igual en ningún viaje. Hoy me tocó un padre con su hijo. A pesar de estar en Merlo, en lugar de levantarse más temprano, tomarse el tren que va a Moreno, ir dos estaciones hasta Moreno y esperar que el tren vuelva hasta donde él tenía que ir, o tomar el colectivo, decidió tomar el tren normal con su niño de 4 años a upa. Cuando entró, se puso a gritarle a la gente que subía, que dejen de empujar, que no entren más porque él estaba con su niño allí. La gente obviamente entró, y cuando el pobre niño empezó a sentir la presión de los otros cuerpos en sus piernecitas, empezó a decirle que se quería bajar. El padre entonces, con voz de pobrecito le dice "bueno, bueno hijito, bueno mi amor, pasa que a la gente no le importa nada, ¿no entendés?". La respuesta que se merecía apareció en mi estómago y empezó a subir colérica a través de mi garganta, pero me la tragué, y se sintió más asqueroso que tragar vómito. Porque suponiendo que alguien le cediera el asiento, no hay manera de que pueda llegar hasta él de tanta gente que hay.
- Mefistófeles: Así lo llamo cariñosamente. Él siempre viaja conmigo y trata de que le grite cosas a los pasajeros mencionados anteriormente. Cuando quiere salir, sube por mi estómago hasta mi garganta, me pone roja la cara y me pongo a gritar cosas a la gente que considero idiota. Casi no lo dejo salir, pero a veces sale solo. A pesar de ser mi cólera, muchas veces me hace reir al final. Estoy atrapado con él, pero siempre que sale me libera.
a las
10:15
23/2/11
Cuestiones subperráneas
Yéndo en subte hacia Plaza Miserere, pasó algo. Cuando me enteré qué era, casi me muero.
En Lima, el tren para y no arranca. La gente empieza a enfadarse conforme iban pasando los minutos.
Por supuesto, lo que hace la gente primero cuando algo así sucede, es bajarse del tren. Yo me quedé adentro contando los chistidos de indignación de la gente.
Llegué a 15, cuando noto que toda la gente está yendo hacia la cabina del conductor, y miran con cara de orto las vías. Yo no me iba a poner a cabecear para ver que pasaba, ya que trato de conservar algo de dignidad, así que me quedé con la duda.
Pasaron unos minutos más, y unos policías van hacia la cabina del conductor. Tenía un poco de curiosidad, pero no iba a dejar que me gane. La gente seguía chistando enojada.
De golpe veo que los policías vuelven, riéndose con un perro a upa.
El mundo de repente se detiene por completo y lo único que se mueve en ese momento son los policías con el perro.
El perro, a upa panza para arriba mira desde su comodidad a los pasajeros, con una sonrisa de perro demostrando que éste era su momento de gloria.
Nuestros ojos se cruzaron, el perro me sonrió y se fue alejando despacito de mí, pero no le quité los ojos de encima en ningún momento, hasta que lo perdí de vista.
Acto seguido, giro la cabeza dirigiéndo mi mirada a un punto arbitrario del vagón, con los ojos bien abiertos y una sonrisa dura, tratando de aguantarme el "AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHH!!!" y la risa. ¡¡Qué felicidad me dió!! ¡¡Sólo podía pensar en el perro, sonriendo, con su pancita pelada y gorda a upa!! ¡¡El perro quería jugar, quería jugaaaar!!
Los ojos me empezaron a llorar de tanta emoción contenida, pero la gente estaba toda con cara de orto, y me miraban.
Yo quería bailar tregua y bailar catala, pero ese vagón estaba lleno de famas que me observaban como si yo fuera un perro que se tiró a correr a las vías del subte.
Y pensar que yo no quise salir del vagón para no tener nada en común los animales de las personas.
PD: ¡¡El perro quería jugar, quería jugaaar!! ^^
En Lima, el tren para y no arranca. La gente empieza a enfadarse conforme iban pasando los minutos.
Por supuesto, lo que hace la gente primero cuando algo así sucede, es bajarse del tren. Yo me quedé adentro contando los chistidos de indignación de la gente.
Llegué a 15, cuando noto que toda la gente está yendo hacia la cabina del conductor, y miran con cara de orto las vías. Yo no me iba a poner a cabecear para ver que pasaba, ya que trato de conservar algo de dignidad, así que me quedé con la duda.
Pasaron unos minutos más, y unos policías van hacia la cabina del conductor. Tenía un poco de curiosidad, pero no iba a dejar que me gane. La gente seguía chistando enojada.
De golpe veo que los policías vuelven, riéndose con un perro a upa.
El mundo de repente se detiene por completo y lo único que se mueve en ese momento son los policías con el perro.
El perro, a upa panza para arriba mira desde su comodidad a los pasajeros, con una sonrisa de perro demostrando que éste era su momento de gloria.
Nuestros ojos se cruzaron, el perro me sonrió y se fue alejando despacito de mí, pero no le quité los ojos de encima en ningún momento, hasta que lo perdí de vista.
Acto seguido, giro la cabeza dirigiéndo mi mirada a un punto arbitrario del vagón, con los ojos bien abiertos y una sonrisa dura, tratando de aguantarme el "AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHH!!!" y la risa. ¡¡Qué felicidad me dió!! ¡¡Sólo podía pensar en el perro, sonriendo, con su pancita pelada y gorda a upa!! ¡¡El perro quería jugar, quería jugaaaar!!
Los ojos me empezaron a llorar de tanta emoción contenida, pero la gente estaba toda con cara de orto, y me miraban.
Yo quería bailar tregua y bailar catala, pero ese vagón estaba lleno de famas que me observaban como si yo fuera un perro que se tiró a correr a las vías del subte.
Y pensar que yo no quise salir del vagón para no tener nada en común los animales de las personas.
PD: ¡¡El perro quería jugar, quería jugaaar!! ^^
a las
8:03
15/2/11
Medio piquete
Hoy, el tren venía normalito hasta que llegó a Castelar. Para los que no saben, Castelar es la 5ta estación del tren, desde Moreno.
En fin, para, sube toda la gente y se escucha desde los parlantes "el servicio de plataforma número uno se encuentra cancelado". La plataforma uno era donde estaba nuestro tren, y toda la gente se baja.
Yo me quedo en la puerta, esperando una explicación.
Al parecer hubo un accidente en una estación, entonces los trenes llegaban sólo hasta Liniers. Ahora... entonces, si Liniers está mucho después que Castelar... ¿por qué cancelaron el tren que estaba en Castelar?
O sea, como hubo un accidente mucho más adelante, las mentes brillantes de TBA (Trenes de Buenos Aires) pensaron que había que cancelar uno de los trenes (¿?) y hacer que la gente espere el tren que viene lleno desde Moreno después, y ahí se suben y llegan hasta Liniers (¿?).
¡¡Si el tren andaba, no tenía el más mínimo sentido cancelarlo!!
La gente que había salido del tren, volvió a entrar, y yo les decía "no salgan, quedémonos acá, si nos quedamos todos juntos no les va a quedar otra que llevar este tren hasta Liniers", y todos decían "sí, sí, sí".
Hasta que el tren amagó a volver a Moreno, entonces todos los idiotas se bajaron, dejándome a mí sola en el vagón junto a otras 5 personas que tampoco querían bajar.
El tren empieza a irse hacia los galpones que hay en Castelar (que es donde les hacen mantenimiento y los limpian), pero no llegó a entrar.
Viene un chabón de TBA, y mientras nos mira con cara de orto nos dice de la manera más despectiva "si van a esperar que este tren arranque, van a estar 4 horas acá", y nos indicaba que nos vayamos al primer vagón, que ahí íbamos a poder bajar.
Sin muchas ganas, voy hacia la salida. Cuando llego al primer vagón, veo que está lleno de gente gritando "¡¡no nos vamos a bajar, no nos vamos a bajar!!", y tratában de convencer a los débiles que estaban bajando de que se quedaran, diciendo cosas como "tenemos que estar todos unidos", "no nos pueden hacer esto" y cosas así.
Los de TBA estaban abajo, mirándonos, señalándonos y riéndose de nosotros. Mi indignación se sentía como una bola en mi garganta. Tenía ganas de bajar y de agarrarlos a piñas.
La gente le gritaba a uno de TBA "eeeh, gordo lechón!" y se mataban todos de la risa. A pesar de que nos estaban tratando como un pedazo de mierda, todos tenían el mejor humor posible, y aplaudían, cantaban, y hasta llamában a Crónica TV muertos de la risa. Casi todas eran mujeres.
Yo quería participar, y reirme y relajarme, pero me era muy difícil sintiendo la indignación que sentía.
Luego de media hora así, de gritos, de varios "gordo lechón!!", de llamados a la radio y a la televisión, y de que viniera la policía, llegó un conductor, abrió la puerta de la cabina y nos dijo "ahí sale", y todos estallaron en gritos y aplausos por la alegría.
A los 10 minutos, el tren arrancó, llegó a la estación Castelar, y allí subieron todas las personas a las que habían hecho bajar, mientras todos los que nos habíamos quedado juntos, estábamos muy cómodos y satisfechos sentados en nuestros asientos de preferencia.
El tren llegó a Once.
¿Vieron? La gente unida le gana a los hijos de puta.
En fin, para, sube toda la gente y se escucha desde los parlantes "el servicio de plataforma número uno se encuentra cancelado". La plataforma uno era donde estaba nuestro tren, y toda la gente se baja.
Yo me quedo en la puerta, esperando una explicación.
Al parecer hubo un accidente en una estación, entonces los trenes llegaban sólo hasta Liniers. Ahora... entonces, si Liniers está mucho después que Castelar... ¿por qué cancelaron el tren que estaba en Castelar?
O sea, como hubo un accidente mucho más adelante, las mentes brillantes de TBA (Trenes de Buenos Aires) pensaron que había que cancelar uno de los trenes (¿?) y hacer que la gente espere el tren que viene lleno desde Moreno después, y ahí se suben y llegan hasta Liniers (¿?).
¡¡Si el tren andaba, no tenía el más mínimo sentido cancelarlo!!
La gente que había salido del tren, volvió a entrar, y yo les decía "no salgan, quedémonos acá, si nos quedamos todos juntos no les va a quedar otra que llevar este tren hasta Liniers", y todos decían "sí, sí, sí".
Hasta que el tren amagó a volver a Moreno, entonces todos los idiotas se bajaron, dejándome a mí sola en el vagón junto a otras 5 personas que tampoco querían bajar.
El tren empieza a irse hacia los galpones que hay en Castelar (que es donde les hacen mantenimiento y los limpian), pero no llegó a entrar.
Viene un chabón de TBA, y mientras nos mira con cara de orto nos dice de la manera más despectiva "si van a esperar que este tren arranque, van a estar 4 horas acá", y nos indicaba que nos vayamos al primer vagón, que ahí íbamos a poder bajar.
Sin muchas ganas, voy hacia la salida. Cuando llego al primer vagón, veo que está lleno de gente gritando "¡¡no nos vamos a bajar, no nos vamos a bajar!!", y tratában de convencer a los débiles que estaban bajando de que se quedaran, diciendo cosas como "tenemos que estar todos unidos", "no nos pueden hacer esto" y cosas así.
Los de TBA estaban abajo, mirándonos, señalándonos y riéndose de nosotros. Mi indignación se sentía como una bola en mi garganta. Tenía ganas de bajar y de agarrarlos a piñas.
La gente le gritaba a uno de TBA "eeeh, gordo lechón!" y se mataban todos de la risa. A pesar de que nos estaban tratando como un pedazo de mierda, todos tenían el mejor humor posible, y aplaudían, cantaban, y hasta llamában a Crónica TV muertos de la risa. Casi todas eran mujeres.
Yo quería participar, y reirme y relajarme, pero me era muy difícil sintiendo la indignación que sentía.
Luego de media hora así, de gritos, de varios "gordo lechón!!", de llamados a la radio y a la televisión, y de que viniera la policía, llegó un conductor, abrió la puerta de la cabina y nos dijo "ahí sale", y todos estallaron en gritos y aplausos por la alegría.
A los 10 minutos, el tren arrancó, llegó a la estación Castelar, y allí subieron todas las personas a las que habían hecho bajar, mientras todos los que nos habíamos quedado juntos, estábamos muy cómodos y satisfechos sentados en nuestros asientos de preferencia.
El tren llegó a Once.
¿Vieron? La gente unida le gana a los hijos de puta.
a las
10:10
Tags:
sarmiento
7
comentarios
7/2/11
Semáforos
Los peatones de Buenos Aires caminan por la fuerza que les otorga la adrenalina de cruzar el semáforo en rojo.
Uno siempre ve por las veredas, a una persona que va caminando despacito, tranquilita, y cuando llega al semáforo en rojo se pone nerviosa, comienza a mirar cualquier huequito que quede entre los autos para poder cruzar al otro lado sin tener que esperar a que cambie a verde.
Cuando encuentran un hueco, corren hacia la otra vereda, y siguen caminando rapidito rapidito hasta que la energía semaforrojística se desvanece, y tienen que volver a alimentarse en la próxima esquina.
Lo peor es que los semáforos tratan de evitar este problema, ya que su función en la vida es obligar a la gente a comportarse según sus propias ganas. Primero, aprendieron a hablar, porque los ciegos se aprovechaban de su ceguera para hacer caso omiso a las brillantes luces. Entonces los semáforos comenzaron a hacer sonidos "cuiii, cuiii, cuiiii, cuiiii".
Pero no funcionó mucho.
Entonces, en su reunión de consorcio, los semáforos se vistieron con otra pantallita indicada sólo para hacer la cuenta regresiva hasta que el semáforo vuelva a ponerse en rojo.
A la gente tampoco le importó.
Luego de varias reuniones, discusiones y peleas a muerte, los semáforos decidieron de una vez por todas, que tendrían que tener otra pantalla que escribiera con letras gigantes y rojas la frase "NO CRUCE", y se sintieron satisfechos.
Los semáforos ahora tienen mucho más trabajo, con sus cuentas regresivas, sus "cui cui cui", y sus "NO CRUCE", pero la gente sigue evitándolos.
Los semáforos se reúnen en secreto, sino les sugeriría que se agreguen una pantalla que diga "OJO" y que tenga un brazo mecánico que golpee a los humanos. ¿Cómo vamos a ignorarlos así? Después de todo, ellos son la raza superior.
Uno siempre ve por las veredas, a una persona que va caminando despacito, tranquilita, y cuando llega al semáforo en rojo se pone nerviosa, comienza a mirar cualquier huequito que quede entre los autos para poder cruzar al otro lado sin tener que esperar a que cambie a verde.
Cuando encuentran un hueco, corren hacia la otra vereda, y siguen caminando rapidito rapidito hasta que la energía semaforrojística se desvanece, y tienen que volver a alimentarse en la próxima esquina.
Lo peor es que los semáforos tratan de evitar este problema, ya que su función en la vida es obligar a la gente a comportarse según sus propias ganas. Primero, aprendieron a hablar, porque los ciegos se aprovechaban de su ceguera para hacer caso omiso a las brillantes luces. Entonces los semáforos comenzaron a hacer sonidos "cuiii, cuiii, cuiiii, cuiiii".
Pero no funcionó mucho.
Entonces, en su reunión de consorcio, los semáforos se vistieron con otra pantallita indicada sólo para hacer la cuenta regresiva hasta que el semáforo vuelva a ponerse en rojo.
A la gente tampoco le importó.
Luego de varias reuniones, discusiones y peleas a muerte, los semáforos decidieron de una vez por todas, que tendrían que tener otra pantalla que escribiera con letras gigantes y rojas la frase "NO CRUCE", y se sintieron satisfechos.
Los semáforos ahora tienen mucho más trabajo, con sus cuentas regresivas, sus "cui cui cui", y sus "NO CRUCE", pero la gente sigue evitándolos.
Los semáforos se reúnen en secreto, sino les sugeriría que se agreguen una pantalla que diga "OJO" y que tenga un brazo mecánico que golpee a los humanos. ¿Cómo vamos a ignorarlos así? Después de todo, ellos son la raza superior.
a las
11:28
1/2/11
Fin de mis vacaciones
Luego de 15 días en el Paraíso (cualquier lugar que no sea el Sarmiento ni Capital), he vuelto al Infierno (el Sarmiento y Capital).
Maldita sea.
Maldita sea.
a las
10:15
13/1/11
Las viejas son interminables e impredecibles
El martes hubieron problemas en todas las líneas de trenes porque los ferroviarios reclamaban bla bla bla.
Las demoras de los trenes que salían de Moreno a Once eran de 30 minutos (siendo que normalmente los trenes salen cada 5).
La estación de Moreno estaba tan, pero tan llena, que ignorando los problemas sindicales, pensé que habría demoras por algún accidente y seguí el consejo que se suele dar en estos casos: "no tomes el primer tren que llega, en ese se suben todos; esperá el segundo, que a ese se suben los que no subieron al primero y viajás mejor".
Lo malo es que el segundo tren llegó media hora más tarde, y la cantidad de gente volvió a ser la misma.
Entre el mar de gente, empieza a abrirse camino una vieja algo petisa, gordita, con el pelo corto (como todas las viejas) y teñido de un naranjita muy artificial.
La vieja comienza a golpear y empujar con desesperación a toda persona que esté delante de ella. La gente le empieza a gritar "eeeeeeeehhh, cheeeee!!!" y la vieja dice "¿qué che? ¿qué che?", y llega a donde estoy yo y me empuja a mí también. "Eeeeeehh!!! espere! tiene que bajar la gente del tren primero, por dios!!!", y me mira con cara de indignada y se empieza a hacer la cocorita "¿qué? ¿qué? ¿qué decís, eh, eh?". "¡que te calmes!", le respondo. Ahí la vieja se sacó y me dice "¿¿A QUIÉN LE ESTÁS GRITANDO??" y yo, aprovechando mi altura, me pongo bien cerca de ella y la miro hacia abajo mientras le digo "a vos".
La vieja se aterroriza por un segundo, pero vuelve a su papel de cocorita y me grita "aaah, ¿a mí? ¿¿a mí??". Sin cambiar de posición patotera le digo con la voz grave "Sí. A vos".
Entonces, luego de pensar por un rato, a la vieja se le aparece una burbuja de creatividad insultiva y saca una frase matadora que me dejó sin aliento:
Ante tal muestra de elocuencia, me sentí intimidada y opté por darme la vuelta mientras le decía "no, se murió mi abuela".
Es momento de entrar al tren, y me empiezo a acercar. La vieja de atrás me empuja. Me salió del alma darme vuelta y gritarle "¡¡¡PARAAAAAAAA, VIEJA LOCA!!!".
La vieja loca se ofendió (quizás sabe que es vieja pero no loca, o quizás sabe que es loca pero no vieja, o capaz que no sabe nada, y eso es más triste aún), y con toda la furia me pega.
Me pega al mejor estilo "Señor Burns", pero yo siento la ira que empieza a venirme desde la punta de los pies, atraviesa mis piernas, sube hasta mi cabeza y logra que empiece a cegarme; empiezo a ver todo blanco a mi alrededor, excepto a la vieja, que lo único que tiene de blanco es el blanco de tiro que le apareció en el medio de la jeta, con el tamaño correcto para mi puño.
En ese momento me sentí como Seinfeld cuando su cerebro y su pene juegan al ajedrez. Era la pasión versus la razón. Y puedo ser una persona muy pasional. Pero sabía que no debía, así que me guardé la piña para otro momento y me puse a gritar "¡violencia, violencia! ¡la vieja decrépita me está pegando!".
La vieja con cara de indignación, sufrimiento y odio me mira de la peor manera y ve entre la muchedumbre un asiento disponible, corre hacia él y yo no puedo ni amagar a llegar antes y robárselo, porque había tal cantidad de gente, que no podía casi ni moverme. Cuando la vieja está a dos centímetros de sentarse, una mujer se sienta antes, y ella mira con resignación y odio, el asiento que acaba de perder. Aprovecho el momento. Me acerco, señalo el asiento, y mientras la miro con los ojos bien abiertos le grito en la cara: "¡JA!", y me voy.
En el otro vagón, un hombre se levantó a último momento y me senté. ¡Cómo hubiese deseado que la vieja lo viera..!
Las demoras de los trenes que salían de Moreno a Once eran de 30 minutos (siendo que normalmente los trenes salen cada 5).
La estación de Moreno estaba tan, pero tan llena, que ignorando los problemas sindicales, pensé que habría demoras por algún accidente y seguí el consejo que se suele dar en estos casos: "no tomes el primer tren que llega, en ese se suben todos; esperá el segundo, que a ese se suben los que no subieron al primero y viajás mejor".
Lo malo es que el segundo tren llegó media hora más tarde, y la cantidad de gente volvió a ser la misma.
Entre el mar de gente, empieza a abrirse camino una vieja algo petisa, gordita, con el pelo corto (como todas las viejas) y teñido de un naranjita muy artificial.
La vieja comienza a golpear y empujar con desesperación a toda persona que esté delante de ella. La gente le empieza a gritar "eeeeeeeehhh, cheeeee!!!" y la vieja dice "¿qué che? ¿qué che?", y llega a donde estoy yo y me empuja a mí también. "Eeeeeehh!!! espere! tiene que bajar la gente del tren primero, por dios!!!", y me mira con cara de indignada y se empieza a hacer la cocorita "¿qué? ¿qué? ¿qué decís, eh, eh?". "¡que te calmes!", le respondo. Ahí la vieja se sacó y me dice "¿¿A QUIÉN LE ESTÁS GRITANDO??" y yo, aprovechando mi altura, me pongo bien cerca de ella y la miro hacia abajo mientras le digo "a vos".
La vieja se aterroriza por un segundo, pero vuelve a su papel de cocorita y me grita "aaah, ¿a mí? ¿¿a mí??". Sin cambiar de posición patotera le digo con la voz grave "Sí. A vos".
Entonces, luego de pensar por un rato, a la vieja se le aparece una burbuja de creatividad insultiva y saca una frase matadora que me dejó sin aliento:
"andá a gritarle a tu abuela".
Ante tal muestra de elocuencia, me sentí intimidada y opté por darme la vuelta mientras le decía "no, se murió mi abuela".
Es momento de entrar al tren, y me empiezo a acercar. La vieja de atrás me empuja. Me salió del alma darme vuelta y gritarle "¡¡¡PARAAAAAAAA, VIEJA LOCA!!!".
La vieja loca se ofendió (quizás sabe que es vieja pero no loca, o quizás sabe que es loca pero no vieja, o capaz que no sabe nada, y eso es más triste aún), y con toda la furia me pega.
Me pega al mejor estilo "Señor Burns", pero yo siento la ira que empieza a venirme desde la punta de los pies, atraviesa mis piernas, sube hasta mi cabeza y logra que empiece a cegarme; empiezo a ver todo blanco a mi alrededor, excepto a la vieja, que lo único que tiene de blanco es el blanco de tiro que le apareció en el medio de la jeta, con el tamaño correcto para mi puño.
En ese momento me sentí como Seinfeld cuando su cerebro y su pene juegan al ajedrez. Era la pasión versus la razón. Y puedo ser una persona muy pasional. Pero sabía que no debía, así que me guardé la piña para otro momento y me puse a gritar "¡violencia, violencia! ¡la vieja decrépita me está pegando!".
La vieja con cara de indignación, sufrimiento y odio me mira de la peor manera y ve entre la muchedumbre un asiento disponible, corre hacia él y yo no puedo ni amagar a llegar antes y robárselo, porque había tal cantidad de gente, que no podía casi ni moverme. Cuando la vieja está a dos centímetros de sentarse, una mujer se sienta antes, y ella mira con resignación y odio, el asiento que acaba de perder. Aprovecho el momento. Me acerco, señalo el asiento, y mientras la miro con los ojos bien abiertos le grito en la cara: "¡JA!", y me voy.
En el otro vagón, un hombre se levantó a último momento y me senté. ¡Cómo hubiese deseado que la vieja lo viera..!
a las
9:47
Tags:
sarmiento
5
comentarios
Suscribirse a:
Entradas (Atom)