Yéndo en subte hacia Plaza Miserere, pasó algo. Cuando me enteré qué era, casi me muero.
En Lima, el tren para y no arranca. La gente empieza a enfadarse conforme iban pasando los minutos.
Por supuesto, lo que hace la gente primero cuando algo así sucede, es bajarse del tren. Yo me quedé adentro contando los chistidos de indignación de la gente.
Llegué a 15, cuando noto que toda la gente está yendo hacia la cabina del conductor, y miran con cara de orto las vías. Yo no me iba a poner a cabecear para ver que pasaba, ya que trato de conservar algo de dignidad, así que me quedé con la duda.
Pasaron unos minutos más, y unos policías van hacia la cabina del conductor. Tenía un poco de curiosidad, pero no iba a dejar que me gane. La gente seguía chistando enojada.
De golpe veo que los policías vuelven, riéndose con un perro a upa.
El mundo de repente se detiene por completo y lo único que se mueve en ese momento son los policías con el perro.
El perro, a upa panza para arriba mira desde su comodidad a los pasajeros, con una sonrisa de perro demostrando que éste era su momento de gloria.
Nuestros ojos se cruzaron, el perro me sonrió y se fue alejando despacito de mí, pero no le quité los ojos de encima en ningún momento, hasta que lo perdí de vista.
Acto seguido, giro la cabeza dirigiéndo mi mirada a un punto arbitrario del vagón, con los ojos bien abiertos y una sonrisa dura, tratando de aguantarme el "AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHH!!!" y la risa. ¡¡Qué felicidad me dió!! ¡¡Sólo podía pensar en el perro, sonriendo, con su pancita pelada y gorda a upa!! ¡¡El perro quería jugar, quería jugaaaar!!
Los ojos me empezaron a llorar de tanta emoción contenida, pero la gente estaba toda con cara de orto, y me miraban.
Yo quería bailar tregua y bailar catala, pero ese vagón estaba lleno de famas que me observaban como si yo fuera un perro que se tiró a correr a las vías del subte.
Y pensar que yo no quise salir del vagón para no tener nada en común los animales de las personas.
PD: ¡¡El perro quería jugar, quería jugaaar!! ^^
23/2/11
15/2/11
Medio piquete
Hoy, el tren venía normalito hasta que llegó a Castelar. Para los que no saben, Castelar es la 5ta estación del tren, desde Moreno.
En fin, para, sube toda la gente y se escucha desde los parlantes "el servicio de plataforma número uno se encuentra cancelado". La plataforma uno era donde estaba nuestro tren, y toda la gente se baja.
Yo me quedo en la puerta, esperando una explicación.
Al parecer hubo un accidente en una estación, entonces los trenes llegaban sólo hasta Liniers. Ahora... entonces, si Liniers está mucho después que Castelar... ¿por qué cancelaron el tren que estaba en Castelar?
O sea, como hubo un accidente mucho más adelante, las mentes brillantes de TBA (Trenes de Buenos Aires) pensaron que había que cancelar uno de los trenes (¿?) y hacer que la gente espere el tren que viene lleno desde Moreno después, y ahí se suben y llegan hasta Liniers (¿?).
¡¡Si el tren andaba, no tenía el más mínimo sentido cancelarlo!!
La gente que había salido del tren, volvió a entrar, y yo les decía "no salgan, quedémonos acá, si nos quedamos todos juntos no les va a quedar otra que llevar este tren hasta Liniers", y todos decían "sí, sí, sí".
Hasta que el tren amagó a volver a Moreno, entonces todos los idiotas se bajaron, dejándome a mí sola en el vagón junto a otras 5 personas que tampoco querían bajar.
El tren empieza a irse hacia los galpones que hay en Castelar (que es donde les hacen mantenimiento y los limpian), pero no llegó a entrar.
Viene un chabón de TBA, y mientras nos mira con cara de orto nos dice de la manera más despectiva "si van a esperar que este tren arranque, van a estar 4 horas acá", y nos indicaba que nos vayamos al primer vagón, que ahí íbamos a poder bajar.
Sin muchas ganas, voy hacia la salida. Cuando llego al primer vagón, veo que está lleno de gente gritando "¡¡no nos vamos a bajar, no nos vamos a bajar!!", y tratában de convencer a los débiles que estaban bajando de que se quedaran, diciendo cosas como "tenemos que estar todos unidos", "no nos pueden hacer esto" y cosas así.
Los de TBA estaban abajo, mirándonos, señalándonos y riéndose de nosotros. Mi indignación se sentía como una bola en mi garganta. Tenía ganas de bajar y de agarrarlos a piñas.
La gente le gritaba a uno de TBA "eeeh, gordo lechón!" y se mataban todos de la risa. A pesar de que nos estaban tratando como un pedazo de mierda, todos tenían el mejor humor posible, y aplaudían, cantaban, y hasta llamában a Crónica TV muertos de la risa. Casi todas eran mujeres.
Yo quería participar, y reirme y relajarme, pero me era muy difícil sintiendo la indignación que sentía.
Luego de media hora así, de gritos, de varios "gordo lechón!!", de llamados a la radio y a la televisión, y de que viniera la policía, llegó un conductor, abrió la puerta de la cabina y nos dijo "ahí sale", y todos estallaron en gritos y aplausos por la alegría.
A los 10 minutos, el tren arrancó, llegó a la estación Castelar, y allí subieron todas las personas a las que habían hecho bajar, mientras todos los que nos habíamos quedado juntos, estábamos muy cómodos y satisfechos sentados en nuestros asientos de preferencia.
El tren llegó a Once.
¿Vieron? La gente unida le gana a los hijos de puta.
En fin, para, sube toda la gente y se escucha desde los parlantes "el servicio de plataforma número uno se encuentra cancelado". La plataforma uno era donde estaba nuestro tren, y toda la gente se baja.
Yo me quedo en la puerta, esperando una explicación.
Al parecer hubo un accidente en una estación, entonces los trenes llegaban sólo hasta Liniers. Ahora... entonces, si Liniers está mucho después que Castelar... ¿por qué cancelaron el tren que estaba en Castelar?
O sea, como hubo un accidente mucho más adelante, las mentes brillantes de TBA (Trenes de Buenos Aires) pensaron que había que cancelar uno de los trenes (¿?) y hacer que la gente espere el tren que viene lleno desde Moreno después, y ahí se suben y llegan hasta Liniers (¿?).
¡¡Si el tren andaba, no tenía el más mínimo sentido cancelarlo!!
La gente que había salido del tren, volvió a entrar, y yo les decía "no salgan, quedémonos acá, si nos quedamos todos juntos no les va a quedar otra que llevar este tren hasta Liniers", y todos decían "sí, sí, sí".
Hasta que el tren amagó a volver a Moreno, entonces todos los idiotas se bajaron, dejándome a mí sola en el vagón junto a otras 5 personas que tampoco querían bajar.
El tren empieza a irse hacia los galpones que hay en Castelar (que es donde les hacen mantenimiento y los limpian), pero no llegó a entrar.
Viene un chabón de TBA, y mientras nos mira con cara de orto nos dice de la manera más despectiva "si van a esperar que este tren arranque, van a estar 4 horas acá", y nos indicaba que nos vayamos al primer vagón, que ahí íbamos a poder bajar.
Sin muchas ganas, voy hacia la salida. Cuando llego al primer vagón, veo que está lleno de gente gritando "¡¡no nos vamos a bajar, no nos vamos a bajar!!", y tratában de convencer a los débiles que estaban bajando de que se quedaran, diciendo cosas como "tenemos que estar todos unidos", "no nos pueden hacer esto" y cosas así.
Los de TBA estaban abajo, mirándonos, señalándonos y riéndose de nosotros. Mi indignación se sentía como una bola en mi garganta. Tenía ganas de bajar y de agarrarlos a piñas.
La gente le gritaba a uno de TBA "eeeh, gordo lechón!" y se mataban todos de la risa. A pesar de que nos estaban tratando como un pedazo de mierda, todos tenían el mejor humor posible, y aplaudían, cantaban, y hasta llamában a Crónica TV muertos de la risa. Casi todas eran mujeres.
Yo quería participar, y reirme y relajarme, pero me era muy difícil sintiendo la indignación que sentía.
Luego de media hora así, de gritos, de varios "gordo lechón!!", de llamados a la radio y a la televisión, y de que viniera la policía, llegó un conductor, abrió la puerta de la cabina y nos dijo "ahí sale", y todos estallaron en gritos y aplausos por la alegría.
A los 10 minutos, el tren arrancó, llegó a la estación Castelar, y allí subieron todas las personas a las que habían hecho bajar, mientras todos los que nos habíamos quedado juntos, estábamos muy cómodos y satisfechos sentados en nuestros asientos de preferencia.
El tren llegó a Once.
¿Vieron? La gente unida le gana a los hijos de puta.
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7/2/11
Semáforos
Los peatones de Buenos Aires caminan por la fuerza que les otorga la adrenalina de cruzar el semáforo en rojo.
Uno siempre ve por las veredas, a una persona que va caminando despacito, tranquilita, y cuando llega al semáforo en rojo se pone nerviosa, comienza a mirar cualquier huequito que quede entre los autos para poder cruzar al otro lado sin tener que esperar a que cambie a verde.
Cuando encuentran un hueco, corren hacia la otra vereda, y siguen caminando rapidito rapidito hasta que la energía semaforrojística se desvanece, y tienen que volver a alimentarse en la próxima esquina.
Lo peor es que los semáforos tratan de evitar este problema, ya que su función en la vida es obligar a la gente a comportarse según sus propias ganas. Primero, aprendieron a hablar, porque los ciegos se aprovechaban de su ceguera para hacer caso omiso a las brillantes luces. Entonces los semáforos comenzaron a hacer sonidos "cuiii, cuiii, cuiiii, cuiiii".
Pero no funcionó mucho.
Entonces, en su reunión de consorcio, los semáforos se vistieron con otra pantallita indicada sólo para hacer la cuenta regresiva hasta que el semáforo vuelva a ponerse en rojo.
A la gente tampoco le importó.
Luego de varias reuniones, discusiones y peleas a muerte, los semáforos decidieron de una vez por todas, que tendrían que tener otra pantalla que escribiera con letras gigantes y rojas la frase "NO CRUCE", y se sintieron satisfechos.
Los semáforos ahora tienen mucho más trabajo, con sus cuentas regresivas, sus "cui cui cui", y sus "NO CRUCE", pero la gente sigue evitándolos.
Los semáforos se reúnen en secreto, sino les sugeriría que se agreguen una pantalla que diga "OJO" y que tenga un brazo mecánico que golpee a los humanos. ¿Cómo vamos a ignorarlos así? Después de todo, ellos son la raza superior.
Uno siempre ve por las veredas, a una persona que va caminando despacito, tranquilita, y cuando llega al semáforo en rojo se pone nerviosa, comienza a mirar cualquier huequito que quede entre los autos para poder cruzar al otro lado sin tener que esperar a que cambie a verde.
Cuando encuentran un hueco, corren hacia la otra vereda, y siguen caminando rapidito rapidito hasta que la energía semaforrojística se desvanece, y tienen que volver a alimentarse en la próxima esquina.
Lo peor es que los semáforos tratan de evitar este problema, ya que su función en la vida es obligar a la gente a comportarse según sus propias ganas. Primero, aprendieron a hablar, porque los ciegos se aprovechaban de su ceguera para hacer caso omiso a las brillantes luces. Entonces los semáforos comenzaron a hacer sonidos "cuiii, cuiii, cuiiii, cuiiii".
Pero no funcionó mucho.
Entonces, en su reunión de consorcio, los semáforos se vistieron con otra pantallita indicada sólo para hacer la cuenta regresiva hasta que el semáforo vuelva a ponerse en rojo.
A la gente tampoco le importó.
Luego de varias reuniones, discusiones y peleas a muerte, los semáforos decidieron de una vez por todas, que tendrían que tener otra pantalla que escribiera con letras gigantes y rojas la frase "NO CRUCE", y se sintieron satisfechos.
Los semáforos ahora tienen mucho más trabajo, con sus cuentas regresivas, sus "cui cui cui", y sus "NO CRUCE", pero la gente sigue evitándolos.
Los semáforos se reúnen en secreto, sino les sugeriría que se agreguen una pantalla que diga "OJO" y que tenga un brazo mecánico que golpee a los humanos. ¿Cómo vamos a ignorarlos así? Después de todo, ellos son la raza superior.
a las
11:28
1/2/11
Fin de mis vacaciones
Luego de 15 días en el Paraíso (cualquier lugar que no sea el Sarmiento ni Capital), he vuelto al Infierno (el Sarmiento y Capital).
Maldita sea.
Maldita sea.
a las
10:15
13/1/11
Las viejas son interminables e impredecibles
El martes hubieron problemas en todas las líneas de trenes porque los ferroviarios reclamaban bla bla bla.
Las demoras de los trenes que salían de Moreno a Once eran de 30 minutos (siendo que normalmente los trenes salen cada 5).
La estación de Moreno estaba tan, pero tan llena, que ignorando los problemas sindicales, pensé que habría demoras por algún accidente y seguí el consejo que se suele dar en estos casos: "no tomes el primer tren que llega, en ese se suben todos; esperá el segundo, que a ese se suben los que no subieron al primero y viajás mejor".
Lo malo es que el segundo tren llegó media hora más tarde, y la cantidad de gente volvió a ser la misma.
Entre el mar de gente, empieza a abrirse camino una vieja algo petisa, gordita, con el pelo corto (como todas las viejas) y teñido de un naranjita muy artificial.
La vieja comienza a golpear y empujar con desesperación a toda persona que esté delante de ella. La gente le empieza a gritar "eeeeeeeehhh, cheeeee!!!" y la vieja dice "¿qué che? ¿qué che?", y llega a donde estoy yo y me empuja a mí también. "Eeeeeehh!!! espere! tiene que bajar la gente del tren primero, por dios!!!", y me mira con cara de indignada y se empieza a hacer la cocorita "¿qué? ¿qué? ¿qué decís, eh, eh?". "¡que te calmes!", le respondo. Ahí la vieja se sacó y me dice "¿¿A QUIÉN LE ESTÁS GRITANDO??" y yo, aprovechando mi altura, me pongo bien cerca de ella y la miro hacia abajo mientras le digo "a vos".
La vieja se aterroriza por un segundo, pero vuelve a su papel de cocorita y me grita "aaah, ¿a mí? ¿¿a mí??". Sin cambiar de posición patotera le digo con la voz grave "Sí. A vos".
Entonces, luego de pensar por un rato, a la vieja se le aparece una burbuja de creatividad insultiva y saca una frase matadora que me dejó sin aliento:
Ante tal muestra de elocuencia, me sentí intimidada y opté por darme la vuelta mientras le decía "no, se murió mi abuela".
Es momento de entrar al tren, y me empiezo a acercar. La vieja de atrás me empuja. Me salió del alma darme vuelta y gritarle "¡¡¡PARAAAAAAAA, VIEJA LOCA!!!".
La vieja loca se ofendió (quizás sabe que es vieja pero no loca, o quizás sabe que es loca pero no vieja, o capaz que no sabe nada, y eso es más triste aún), y con toda la furia me pega.
Me pega al mejor estilo "Señor Burns", pero yo siento la ira que empieza a venirme desde la punta de los pies, atraviesa mis piernas, sube hasta mi cabeza y logra que empiece a cegarme; empiezo a ver todo blanco a mi alrededor, excepto a la vieja, que lo único que tiene de blanco es el blanco de tiro que le apareció en el medio de la jeta, con el tamaño correcto para mi puño.
En ese momento me sentí como Seinfeld cuando su cerebro y su pene juegan al ajedrez. Era la pasión versus la razón. Y puedo ser una persona muy pasional. Pero sabía que no debía, así que me guardé la piña para otro momento y me puse a gritar "¡violencia, violencia! ¡la vieja decrépita me está pegando!".
La vieja con cara de indignación, sufrimiento y odio me mira de la peor manera y ve entre la muchedumbre un asiento disponible, corre hacia él y yo no puedo ni amagar a llegar antes y robárselo, porque había tal cantidad de gente, que no podía casi ni moverme. Cuando la vieja está a dos centímetros de sentarse, una mujer se sienta antes, y ella mira con resignación y odio, el asiento que acaba de perder. Aprovecho el momento. Me acerco, señalo el asiento, y mientras la miro con los ojos bien abiertos le grito en la cara: "¡JA!", y me voy.
En el otro vagón, un hombre se levantó a último momento y me senté. ¡Cómo hubiese deseado que la vieja lo viera..!
Las demoras de los trenes que salían de Moreno a Once eran de 30 minutos (siendo que normalmente los trenes salen cada 5).
La estación de Moreno estaba tan, pero tan llena, que ignorando los problemas sindicales, pensé que habría demoras por algún accidente y seguí el consejo que se suele dar en estos casos: "no tomes el primer tren que llega, en ese se suben todos; esperá el segundo, que a ese se suben los que no subieron al primero y viajás mejor".
Lo malo es que el segundo tren llegó media hora más tarde, y la cantidad de gente volvió a ser la misma.
Entre el mar de gente, empieza a abrirse camino una vieja algo petisa, gordita, con el pelo corto (como todas las viejas) y teñido de un naranjita muy artificial.
La vieja comienza a golpear y empujar con desesperación a toda persona que esté delante de ella. La gente le empieza a gritar "eeeeeeeehhh, cheeeee!!!" y la vieja dice "¿qué che? ¿qué che?", y llega a donde estoy yo y me empuja a mí también. "Eeeeeehh!!! espere! tiene que bajar la gente del tren primero, por dios!!!", y me mira con cara de indignada y se empieza a hacer la cocorita "¿qué? ¿qué? ¿qué decís, eh, eh?". "¡que te calmes!", le respondo. Ahí la vieja se sacó y me dice "¿¿A QUIÉN LE ESTÁS GRITANDO??" y yo, aprovechando mi altura, me pongo bien cerca de ella y la miro hacia abajo mientras le digo "a vos".
La vieja se aterroriza por un segundo, pero vuelve a su papel de cocorita y me grita "aaah, ¿a mí? ¿¿a mí??". Sin cambiar de posición patotera le digo con la voz grave "Sí. A vos".
Entonces, luego de pensar por un rato, a la vieja se le aparece una burbuja de creatividad insultiva y saca una frase matadora que me dejó sin aliento:
"andá a gritarle a tu abuela".
Ante tal muestra de elocuencia, me sentí intimidada y opté por darme la vuelta mientras le decía "no, se murió mi abuela".
Es momento de entrar al tren, y me empiezo a acercar. La vieja de atrás me empuja. Me salió del alma darme vuelta y gritarle "¡¡¡PARAAAAAAAA, VIEJA LOCA!!!".
La vieja loca se ofendió (quizás sabe que es vieja pero no loca, o quizás sabe que es loca pero no vieja, o capaz que no sabe nada, y eso es más triste aún), y con toda la furia me pega.
Me pega al mejor estilo "Señor Burns", pero yo siento la ira que empieza a venirme desde la punta de los pies, atraviesa mis piernas, sube hasta mi cabeza y logra que empiece a cegarme; empiezo a ver todo blanco a mi alrededor, excepto a la vieja, que lo único que tiene de blanco es el blanco de tiro que le apareció en el medio de la jeta, con el tamaño correcto para mi puño.
En ese momento me sentí como Seinfeld cuando su cerebro y su pene juegan al ajedrez. Era la pasión versus la razón. Y puedo ser una persona muy pasional. Pero sabía que no debía, así que me guardé la piña para otro momento y me puse a gritar "¡violencia, violencia! ¡la vieja decrépita me está pegando!".
La vieja con cara de indignación, sufrimiento y odio me mira de la peor manera y ve entre la muchedumbre un asiento disponible, corre hacia él y yo no puedo ni amagar a llegar antes y robárselo, porque había tal cantidad de gente, que no podía casi ni moverme. Cuando la vieja está a dos centímetros de sentarse, una mujer se sienta antes, y ella mira con resignación y odio, el asiento que acaba de perder. Aprovecho el momento. Me acerco, señalo el asiento, y mientras la miro con los ojos bien abiertos le grito en la cara: "¡JA!", y me voy.
En el otro vagón, un hombre se levantó a último momento y me senté. ¡Cómo hubiese deseado que la vieja lo viera..!
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7/1/11
Cantos
Uno cuando es chico cree que canta bien, debe ser porque los padres, hermanos, maestras jardineras y vendedores de seguros nos repiten constantemente que somos excelentes cantantes y que ahora cantemos la canción de la ratita blanca.
La verdad es que los chicos cantan horrible, aún si afinan bien; sus cuerdas vocales tienen la capacidad de destruir tímpanos, martillos y yunques (del oído, y las herramientos también).
Si no están de acuerdo, traten de escuchar esto hasta el final y no vomitar:
¡¡Y SACÓ UN DISCO, UN DISCOOO!! ¿¡Quién es capaz de escuchar un disco de esta cosa horrenda y chillona!?
Lo raro es que casualmente todos mis sobrinos cantan adorablemente...
Pero bueno, esta es una pequeña reflexión mía, que poco tiene que ver con el tema del post.
Estaba pegándome una regia siesta en el tren, cuando de golpe siento sangre que me sale del oído. Pensé que era parte del sueño, pero no; estaba siendo causado por un par de niños que cantaban. Me desperté horrorizada, hasta que me dí cuenta de lo que estaba pasando; habían niñas cantando con su padre, que tocaba la guitarra.
Primero, como estaba dormida, me dieron ganas de revolearles algo. Cuando me desperté un poquito, me resigné a que estaban haciendo (quiera o no) arte, y que no tenía nada de malo. Cuando me desperté del todo, me volvieron las ganas de revolear algo... pero no a los niños y a sus vocecititititas, sino al padre.
Esa repugnante lacra humana estaba llevando a sus hijas de entre 6 y 10 años a cantar a los gritos en los 9 vagones de cada tren, con 32º de temperatura.
Ese hijo de re mil putas estaba explotándolas. Las nenas habían pasado ya por tres vagones, y tenían que seguir por el resto de los vagones, y por otros trenes; cagándose de calor, haciendo equilibrio por el vaivén del tren y pidiendo monedas a la gente, mientras él tocaba el cicus.
Otra cosa que me indignó fue la gente. Las viejas idiotas sonreían y miraban a las niñas, mientras se comentaban entre ellas "¡pero mirá como canta!".
Otros les daban monedas, mientras le sonreían al despreciable progenitor, como diciendole "¡qué bien te salieron las nenas!".
La gente que sonríe y premia estas acciones, es la misma gente que que se divierte con el domador de leones y cree que con M*nem estábamos mejor, porque el razonamiento es el mismo: Pasa A, y A es lindo, así que no me interesa nada más que A, a pesar de que A se logra a través de B, que es algo detestable y terrible.
Asco me dan, asssco.
La verdad es que los chicos cantan horrible, aún si afinan bien; sus cuerdas vocales tienen la capacidad de destruir tímpanos, martillos y yunques (del oído, y las herramientos también).
Si no están de acuerdo, traten de escuchar esto hasta el final y no vomitar:
¡¡Y SACÓ UN DISCO, UN DISCOOO!! ¿¡Quién es capaz de escuchar un disco de esta cosa horrenda y chillona!?
Lo raro es que casualmente todos mis sobrinos cantan adorablemente...
Pero bueno, esta es una pequeña reflexión mía, que poco tiene que ver con el tema del post.
Estaba pegándome una regia siesta en el tren, cuando de golpe siento sangre que me sale del oído. Pensé que era parte del sueño, pero no; estaba siendo causado por un par de niños que cantaban. Me desperté horrorizada, hasta que me dí cuenta de lo que estaba pasando; habían niñas cantando con su padre, que tocaba la guitarra.
Primero, como estaba dormida, me dieron ganas de revolearles algo. Cuando me desperté un poquito, me resigné a que estaban haciendo (quiera o no) arte, y que no tenía nada de malo. Cuando me desperté del todo, me volvieron las ganas de revolear algo... pero no a los niños y a sus vocecititititas, sino al padre.
Esa repugnante lacra humana estaba llevando a sus hijas de entre 6 y 10 años a cantar a los gritos en los 9 vagones de cada tren, con 32º de temperatura.
Ese hijo de re mil putas estaba explotándolas. Las nenas habían pasado ya por tres vagones, y tenían que seguir por el resto de los vagones, y por otros trenes; cagándose de calor, haciendo equilibrio por el vaivén del tren y pidiendo monedas a la gente, mientras él tocaba el cicus.
Otra cosa que me indignó fue la gente. Las viejas idiotas sonreían y miraban a las niñas, mientras se comentaban entre ellas "¡pero mirá como canta!".
Otros les daban monedas, mientras le sonreían al despreciable progenitor, como diciendole "¡qué bien te salieron las nenas!".
La gente que sonríe y premia estas acciones, es la misma gente que que se divierte con el domador de leones y cree que con M*nem estábamos mejor, porque el razonamiento es el mismo: Pasa A, y A es lindo, así que no me interesa nada más que A, a pesar de que A se logra a través de B, que es algo detestable y terrible.
Asco me dan, asssco.
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26/12/10
Milagros de Navidad
Ya cerca de las fiestas, elegí un regalo muy bonito en internet para uno de mis familiares. Tenía que ir hasta Palermo a buscarlo.
Mi tarjeta Monedero (que es la que se usa para viajar en algunas lineas de colectivo y en todas las de subte), estaba sin crédito, así que tenía que pasar por la ventanilla del subte y recargarla. El problema es que yo no tenía nada de dinero encima.
Conté las monedas, tomé el colectivo, y fui hasta Palermo decidida a sacar dinero del cajero automático una vez que llegara allí.
Luego de un viaje largo y caluroso, en el que me tocó sentarme en un asiento que estaba muy cerca del de adelante (esto significa que tenía las rodillas cerca de la cabeza, más o menos), llegué a Palermo. El primer cajero automático con el que me topé no tenía dinero. Pero claro, las 3 personas que entraron antes que yo no me lo adviritieron antes de que entrara como una estúpida y me fuera con la misma cara de decepción que ellos.
El segundo cajero, que estaba a unas cuadras, estaba cerrado.
El tercer cajero que estaba cerca del segundo, tenía un cartel gigante rojo que decía "la sucursal permanecerá momentáneamente cerrada", y al costado, otro cartel gigante "NO ENTREGA EFECTIVO".
El guardia de seguridad nos informa que toda la red Banelco estaría fuera de servicio durante media hora. La gente se fue.
Yo me quedé sentada esperando esa media hora, ya que si no sacaba dinero no iba a poder volver a casa.
Pasaron 20 minutos. No puedo empezar a decirles la cantidad de gente que venía, y trataba de abrir la puerta, a pesar de que habían ¡dos carteles gigantes indicando que el cajero estaba fuera de servicio!
Como yo era la que estaba en la puerta, me autonombré encargada de anunciar las malas noticias:
"Toda la red Banelco está cerrada por media hora"
"Toda la red Banelco está cerrada por media hora"
"Toda la red Banelco está cerrada por media hora"
"Toda la red Banelco está cerrada"
"Toda la red Banelco está cerrada"
"Toda la red Banelco está cerrada"
"Está cerrado"
"Está cerrado"
"Está cerrado"
"Ta cerrado"
"Ta cerrado"
"Ta cerrado"
"Cerrado"
"Cerrado"
"Cerrado"
"..." (eso es lo que decía mientras señalaba el cartel gigante rojo)
"..."
"..."
"-" (eso es lo que decía mientras miraba para otro lado y seguía escuchando el programa de Dolina en mi MP3)
En eso viene una chica con una camisa blanca. Cuando saca su tarjeta, me da cosa, y le digo:
-No, está cerrado, toda la red Banelco cierra por media hora supuestamente-
-Uh... ¿el cajero de allá enfrente también?-
-Sí, vengo de ahí, ese también...-
-Qué bajón... ¿y ahora que hago...?-
-Sí, un re bajón, yo también... yo vivo en Moreno y no me puedo volver hasta que se solucione esto porque no tengo un mango encima...- (con cara de resignada)
-Uh....... bueno... ¡gracias!-
-De nada, chau!-
Mientras escucho una historia de piratas muy interesante desde mi MP3, espero unos minutos más.
La chica de la camisa blanca vuelve:
-¡Hola! ¿Sabés qué? Me quedé pensando...-
-Sí...-
-¿Cuánto te hace falta para volverte a tu casa?-
-Sss... eeehhh... mmm...-
La chica saca 10 pesos y me los ofrece
-¡No! ¡Te re agradezco, pero no! ¡Muchas gracias!-
-Dale, sí-
-No, de verdad, gracias, muchas muchas gracias pe...-
-Si esto no se soluciona no vas a poder volver a tu casa- (y me deja los 10 pesos sobre la mochila)
-Ay... no sé... no sé como podría llegar a pagártelo...-
-No hay problema, chau- (y se va)
-¡¡Gracias gracias gracias!!-
Y me levanté del piso con un calorcito en el pecho, volví caminando como flotando en el aire y una sonrisa. La ví alejándose por otra calle; allí iba, la dulzura viste camisa blanca.
Caminé unas cuadras, y el segundo banco por el que pasé estaba abriendo. Traté de localizar al ángel para devolverle el dinero, pero no la encontré. Retiré plata del cajero, y me fui a tomar el colectivo.
Viajé en el 57 muy bien, muy cómoda y con muchísima alegría y fe en la humanidad.
A la mitad del viaje me dí cuenta que saqué el dinero y me fui, dejando la tarjeta de débito en el cajero, y sin haber cerrado sesión.
Es por eso que la gente no hace cosas buenas por mí, porque me pongo contenta y me vuelvo idiota.
PD: Gracias a la ayuda de mi amiga Ursula, la tarjeta de débito pudo ser bloqueada en seguida (¿segundo milagro?)
PD2: También, me ayudó a enterarme que nadie había extraído nada con mi tarjeta.
Y quizás ese fue el tercer milagro.
Mi tarjeta Monedero (que es la que se usa para viajar en algunas lineas de colectivo y en todas las de subte), estaba sin crédito, así que tenía que pasar por la ventanilla del subte y recargarla. El problema es que yo no tenía nada de dinero encima.
Conté las monedas, tomé el colectivo, y fui hasta Palermo decidida a sacar dinero del cajero automático una vez que llegara allí.
Luego de un viaje largo y caluroso, en el que me tocó sentarme en un asiento que estaba muy cerca del de adelante (esto significa que tenía las rodillas cerca de la cabeza, más o menos), llegué a Palermo. El primer cajero automático con el que me topé no tenía dinero. Pero claro, las 3 personas que entraron antes que yo no me lo adviritieron antes de que entrara como una estúpida y me fuera con la misma cara de decepción que ellos.
El segundo cajero, que estaba a unas cuadras, estaba cerrado.
El tercer cajero que estaba cerca del segundo, tenía un cartel gigante rojo que decía "la sucursal permanecerá momentáneamente cerrada", y al costado, otro cartel gigante "NO ENTREGA EFECTIVO".
El guardia de seguridad nos informa que toda la red Banelco estaría fuera de servicio durante media hora. La gente se fue.
Yo me quedé sentada esperando esa media hora, ya que si no sacaba dinero no iba a poder volver a casa.
Pasaron 20 minutos. No puedo empezar a decirles la cantidad de gente que venía, y trataba de abrir la puerta, a pesar de que habían ¡dos carteles gigantes indicando que el cajero estaba fuera de servicio!
Como yo era la que estaba en la puerta, me autonombré encargada de anunciar las malas noticias:
"Toda la red Banelco está cerrada por media hora"
"Toda la red Banelco está cerrada por media hora"
"Toda la red Banelco está cerrada por media hora"
"Toda la red Banelco está cerrada"
"Toda la red Banelco está cerrada"
"Toda la red Banelco está cerrada"
"Está cerrado"
"Está cerrado"
"Está cerrado"
"Ta cerrado"
"Ta cerrado"
"Ta cerrado"
"Cerrado"
"Cerrado"
"Cerrado"
"..." (eso es lo que decía mientras señalaba el cartel gigante rojo)
"..."
"..."
"-" (eso es lo que decía mientras miraba para otro lado y seguía escuchando el programa de Dolina en mi MP3)
En eso viene una chica con una camisa blanca. Cuando saca su tarjeta, me da cosa, y le digo:
-No, está cerrado, toda la red Banelco cierra por media hora supuestamente-
-Uh... ¿el cajero de allá enfrente también?-
-Sí, vengo de ahí, ese también...-
-Qué bajón... ¿y ahora que hago...?-
-Sí, un re bajón, yo también... yo vivo en Moreno y no me puedo volver hasta que se solucione esto porque no tengo un mango encima...- (con cara de resignada)
-Uh....... bueno... ¡gracias!-
-De nada, chau!-
Mientras escucho una historia de piratas muy interesante desde mi MP3, espero unos minutos más.
La chica de la camisa blanca vuelve:
-¡Hola! ¿Sabés qué? Me quedé pensando...-
-Sí...-
-¿Cuánto te hace falta para volverte a tu casa?-
-Sss... eeehhh... mmm...-
La chica saca 10 pesos y me los ofrece
-¡No! ¡Te re agradezco, pero no! ¡Muchas gracias!-
-Dale, sí-
-No, de verdad, gracias, muchas muchas gracias pe...-
-Si esto no se soluciona no vas a poder volver a tu casa- (y me deja los 10 pesos sobre la mochila)
-Ay... no sé... no sé como podría llegar a pagártelo...-
-No hay problema, chau- (y se va)
-¡¡Gracias gracias gracias!!-
Y me levanté del piso con un calorcito en el pecho, volví caminando como flotando en el aire y una sonrisa. La ví alejándose por otra calle; allí iba, la dulzura viste camisa blanca.
Caminé unas cuadras, y el segundo banco por el que pasé estaba abriendo. Traté de localizar al ángel para devolverle el dinero, pero no la encontré. Retiré plata del cajero, y me fui a tomar el colectivo.
Viajé en el 57 muy bien, muy cómoda y con muchísima alegría y fe en la humanidad.
A la mitad del viaje me dí cuenta que saqué el dinero y me fui, dejando la tarjeta de débito en el cajero, y sin haber cerrado sesión.
Es por eso que la gente no hace cosas buenas por mí, porque me pongo contenta y me vuelvo idiota.
PD: Gracias a la ayuda de mi amiga Ursula, la tarjeta de débito pudo ser bloqueada en seguida (¿segundo milagro?)
PD2: También, me ayudó a enterarme que nadie había extraído nada con mi tarjeta.
Y quizás ese fue el tercer milagro.
a las
8:26
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