24/6/11

Viejas de pelo corto

Hay un momento en la vida de toda vieja en el que decide cortarse el pelo bien cortito.
En estas viejas, el pelo representa la bondad, el respeto y la paciencia. Pero al tomar la decisión de dejarlo atrás, resuelven convertirse en inadaptadas sociales, gritonas y exageradas.
Se las puede ver en el tren golpeando y empujando a la gente para que las dejen entrar, en la oficina de correos gritando que el sistema empleado para atender a la gente es una "ver-güenza" y en los parques, aconsejando a las madres que no dejen jugar a los chicos en el pasto porque está lleno de insectos "y cosas raraas".
Si, además, el pelo está teñido de rojo o rubio y tienen rulitos, estas viejas se roban los sobrecitos de azúcar de los bares, opinan que "ese bebé llora porque le duele la panza" y se quejan de todo usando argumentos como "yo soy una SEÑORA". Porque toda su vida se resume en eso, en ser una SEÑORA, en pedir descuentos en un supermercado por una lata levemente abollada y en mirar a la juventud con ojos decepcionados.

Pero yo quiero creer que el pelo que soltó está en algún lado, haciendo buenas acciones; rescatando perros callejeros, ayudando a petisos a alcanzar en frasco en lo más alto de la alacena y volando con la brisa para generar miles de blancos destellos bondadosos.
Ojalá que las canas lo iluminen, querido lector.

3/6/11

El problema

El problema es que alguien les hizo creer que son especiales, cuando no lo son.
Se creen un regalo del cielo, y esperan que actuemos como si lo fueran.
Las mujeres se embarazan desde hace millones de años. Por millones de años, seguirán haciéndolo. No me alcanzan los dedos de las manos para contar la cantidad de embarazadas que veo en un día. Pero ellas siguen creyendo que son especiales.
Cuando suben a un colectivo, no piden el asiento que corresponde; ellas son demasiado especiales para eso. Entonces se quedan con cara de "pobrecitas". Es que son tan especiales que las pone tristes que nadie note su especial bulto en su especial cuerpo. Un plebeyo grita "¡¡¡un asiento para la chica, que está embarazada!!!" y ella se siente feliz porque alguien le ofició de vocero, ya que ella es demasiado maravillosa como para hablar o ejercer su derecho.
Algunas no toleran que no se den cuenta de su especial condición (preñarse... ¡¡faaaa, qué especial!!), entonces pasan por encima a todos los que están enfrente de ellas en fila, y suben primero.
Si alguien se atreve a decir algo al respecto, la porta-fetos dice "estoy embarazada", y todos los pobres mortales se corren de su camino, mientras realizan reverencias y le echan flores a Su Especial Majestad.
Las embarazadas tienen inmunidad a los códigos básicos de respeto en la sociedad. Ellas, con sólo decir "estoy embarazada" pueden pisotear la cabeza de ancianos, escupir manzanas acarameladas de niños y vomitar sobre la comida de comedores comunitarios.

-Eh, flaca, yo estaba primero-
-Bueno, estoy embarazada, así que es lo mismo- (y sube)
Desde que dejé de ser un feto, nunca había tantos deseos de bañarme en líquido amniótico.

(La últma frase se le escapó a Mefistófeles).

12/5/11

Cieguismo

Ayer iba en el Sarmiento, sentada en uno de los asientos que están cerca de la puerta.
Venía medio dormida, cuando en Ramos Mejía me despierta un golpe. Una piba joven, de mi edad, se abría paso entre los asientos a las patadas. Se acomoda entre mi asiento y el de enfrente. Al ratito me toca el hombro y me dice "ay, ¿no le das el asiento?" y me señala a una mina que me parecía normal, pero a la que enseguida le ví en bastón blanco. El tren estaba tan lleno que era obvio que no podía irse hasta los asientos reservados, así que salté de mi cómodo asientito y se lo dí sin ofrecer sesistencia.
Como no podía acomodarme en el pasillo de lo lleno de gente que estaba, me quedé entre los asientos como la chica. Me molestaba demasiado la mochila, así que la puse en un gancho para ese propósito que estaba el lado de la chica.
Ella me miró con tremenda cara de orto porque la mochila le tocaba su precioso pelo. Cuando la miré para que me explique cuál era su problema, desvió la mirada.
En la siguiente estación se baja el tipo que estaba sentado enfrente. Ella se adelanta a mí y se sienta.

Quizás peco de exagerada, pero... ¿no me correspondía ese asiento a mí? Si yo había cedido el mío, ¿no es cortesía común dejarme el siguiente asiento que se desocupe? Porque, además... ¡fue ella quien me lo pidió!
Me quedé bastante molesta mientras ella dormitaba como la princesita que es.
Ella cruzaba y estiraba las piernas cómodamente  y me pegaba patadas. Mefistófeles quiso salir, pero no lo dejé y lo mandé a su cuarto.
Cuando por fin llegamos a Once, me acerco para decirle a la ciega que espere a que salga toda la gente del tren antes de salir, porque estaba muy lleno y podían golpearla. Pero La princesita le dice primero "¿necesitás que te ayude?" "bueno, dale, ¡gracias!" dice la ciega mientras la toma del brazo.
La Ciega y la Princesa iban caminando charleteando mientras yo imaginaba a la Princesa en su oficina, contándole a los compañeros lo que hizo; sacando la conversación lo más disimuladamente posible: "ay, hoy el tren estaba re-lleno, pero re-lleno. Tuve que pedir el asiento para una no-vidente de lo lleno que estaba" (las personas como ella no dicen "ciego", dicen "no-vidente") "ay, y después la ayudé a salir del tren... re-simpática, ¡no sabés como hablaba!" (a las personas como ella les sorprende que los ciegos hablen, hagan chistes, coman solos y se peinen).
Pero claro, nunca va a contar lo perra que se mostró con una persona con capacidades mediocres como yo, el verdulero y Julian Weich.

11/5/11

Brevísimo

Hoy el maquinista cerró el tren y se fue.

4/5/11

Lo peor de todo es que me morí de frío

Bueno, mis lectores argentinos ya deben saber, pero lo cuento para mis lectores internacionales: Incendiaron cinco trenes de la línea Sarmiento.
La mañana empezó bien para mí, ya que gané una pelea contra TBA (Trenes de Buenos Aires). Resulta que el andén en Moreno estaba lleno, y llegó un tren. Cuando todos entramos, anunciaron por el parlante que ese tren no iba a efectuar servicio de pasajeros. Casi todos se bajaron, excepto yo y unos cuantos rebeldes más. Me acomodé en un bonito asiento, decidida a no bajar, y dándole discursos a la gente sobre la unión que tenía que haber entre nosotros, sobre que no había que bajarse y que TBA no iba a tener otro remedio que hacerlo andar.
Luego de casi 10 minutos de lucha, el tren arrancó, y yo sentí un orgullo enorme que casi hace que me explote el pecho en miles de pedacitos.
Había habido un problema con las vías en Flores, por lo que el tren sólo iba a llegar hasta Liniers, pero no nos informaron nada más.
El verdadero problema empezó cuando paró en Haedo (es la séptima estación desde Moreno). El tren se quedó ahí. Habrá estado 15 o 20 minutos parado ahí, y no recibíamos ninguna explicación. Por lo menos en el vagón en el que estaba, nadie se quejó ni nada, todos esperaban con la estúpida paciencia que tenemos todos los días.
Luego de esos 20 minutos, el tren arrancó, y llegó a la siguiente estación; Ramos Mejía. Ahí volvió a parar. El problema es que estuvo 40 minutos allí. Yo que había tomado el tren 6.20 am, estaba todavía en Ramos a las 8.30... ¡horario en que tengo que entrar a trabajar!
Mucha gente se bajó del tren, entre ellos el marido de la mujer que estaba sentada al lado mío (una de las que recibió mi discurso). Ella recibe un llamado telefónico y luego me cuenta: "era mi marido, me dijo que fue a ver qué pasaba y que se enteró que entraron a la cabina del conductor y lo golpearon, así que probablemente este tren no siga".
Yo me quedé perpleja, y ahí fue cuando pensé "ok... ¿entonces hoy será el día en el que prendan fuego al tren...?".
De pronto, veo que toda la gente que estaba en el andén mira muy sorprendida hacia el lado de Haedo; se veía humo muy negro. Todos supimos que se trataba de un tren.
Pasaron unos 10 minutos más y de golpe toda la gente sale corriendo del tren. Yo, que tengo la costumbre de no hacer lo que todo mundo hace, me quedé sentada mirando a mi alrededor a ver si veía qué estaba pasando. Pasa un tipo y dice "hay fuego adelante".
Me levanté y miré a través del pasillo hacia los otros vagones, pero no veía fuego ni nada. Una mina que estaba sentada se puso a decir "¡¡no salgan del tren!! ¡¡tenemos que estar unidos!! ¡este tren tiene que salir igual!" (era otra Mechi ^^), a lo que le respondo "estoy de acuerdo con vos, pero si el tren se está incendiando, corremos peligro", "sí, pero yo no veo nada!" me dice. "no, yo tampoco" le respondo. Al rato vuelve a pasar el mismo tipo y nos dice "se está incendiando todo, si se quedan acá van a quemarse, chicas". Pensé "bueno, a ver cuán grave es el asunto..." y salí afuera. Me quedé boquiabierta; había una nube de humo negro que salía de los primero vagones del tren. Me acerqué a la chica que no se quería bajar, y le digo con ojos de huevo duro "se está prendiendo fuego de verdad, hay mucho humo negro". Ella abrió grande los ojos y salió. No podíamos creerlo.
Me acerqué para ver exactamente qué había pasado; la cabina del motorman era el foco principal, las llamaradas salían por las ventanas y hacia el techo. Los tres primeros vagones tenían fuego en los asientos. Me quedé perpleja. Entonces empecé a ver a un chabón con un palo que empezó a destrozar una tienda del andén. Me dio una sensación muy turbia, así que me empecé a alejar. En un momento paré, y volví a mirar; habían entrado unos 7 tipos al andén, con palos y tirando piedras. No me gustó nada y salí del andén.
Ahí empezaron a venir los bomberos, la ambulancia y la policía. Quería irme, pero no sabía qué colectivo tomar ni dónde. Quise cruzar la calle, pero no había semáforos y la única manera de hacerlo era cruzando el puente donde había varios policías armados.
Pasar por al lado de muchos tipos con armas me puso la piel de gallina, por más que sean uniformados. Cuando estaba bajando, uno de los policías dice "cuando te diga empezá a tirar las balas de goma". Mi cerebro pegó un grito y se fue. Yo quedé como una zombie, y no sé muy bien qué pasó, pero cuando me desperté estaba en un colectivo yendo a Liniers. Para llegar de Ramos a Liniers, hay que pasar por Ciudadela. Allí había otro tren incendiado, y ahí de verdad me puse mal. Eran demasiados trenes, algo muy turbio estaba pasando.
El colectivo nos tuvo que dejar a varias cuadras de Liniers, porque la policía había cortado la calle. Bajé, y ví lo peor; mi trencito, el violeta lindo, el único tren que de verdad me gustaba. El tren al que saludaba con un "¡hola, Pumita!" cuando se acercaba al andén. Lo ví ahí, indefenso y todo quemado. Mientras seguía caminando hacia Liniers, me puse a llorar.
Para cuando llegué a Liniers, todo era un caos; fuego, las calles cortadas, policías armados con cascos y escudos por todos lados, sirenas que no paraban de sonar, helicópteros dando vueltas, cuadras y cuadras de cola para el colectivo, gente caminando sin rumbo, y un cartel enorme decía "¡FELÍZ DÍA DEL TRABAJADOR!".
Oh, sí, a la vida le gustan las ironías.


Este post se lo dedico a mi trencito, a mi Puma V.3, el mejor tren que ha tenido la linea Sarmiento. Realmente me puso muy mal verlo así. Para vos, Pumita... debés estar transportando a John y a George en el cielo. 


26/4/11

La Razón de ser

A veces en las estaciones de subte, ocurre algo extraordinario; la gente pasa de ser un grupo de personas, a ser un grupo de palomas. A mí me gusta llamarles "Las Palsonas"
Sucede así; uno va caminado lo más pancho, esperando hacer combinación para llegar a su destino cuando de pronto ve tres o cuatro grupos de Palsonas que picotean desesperadamente mientras aletean con sus brazos para obtener lo que desean.
No les interesa a quién deban golpear con sus alas desprovistas de plumas, no ven nada más que su interés y están dispuestas a ser atropelladas, ser golpeadas y espantadas con tal de conseguir ESO.
El pobre chico que entrega gratis el periódico La Razón se agacha y protege su cabeza, mientras extiende sus bracitos lo más rápido que puede para dar la edición del diario y no ser lastimado por las Palsonas.
Una Palsona arrulla, picotea y defeca sobre la víctima, y luego se va con su diario. Pero atrás vienen más Palsonas, y la entrega de diarios se hace insoportablemente larga.
Luego de que todos los diarios del chico desaparecen, el grupo de Palsonas rápidamente se aleja sin chistar, y se puede ver al chico a medida que se van alejando de él. Tiene la ropa desacomodada y la visera al revés. En la mano sólo le queda el hilo que ataba el paquete de diarios. Se incorpora lentamente, como un cervatillo recién nacido, mientras trata de recibir una bocanada de aire y luce muy confundido.
Las Palsonas se transforman nuevamente en personas distinguidas de traje y corbata y van a tomar el colectivo mientras leen el diario con aire de Nobleza a la vez que beben café de McDonalds que compraron con el cupón que aparece en el diario.

11/3/11

Horrible, horrible viaje.

Tren lleno. Yo enterrada en una masa compacta de gente. No hay aire, sólo dióxido de carbono.
El pelo se me pegotea a la nuca, los codos de terceros se me clavan en las costillas. Miro mis manos; sobre ella hay miles de minúsculas gotitas brillantes.
Es sólo un día más en el tren, acompañada como siempre de:
  • El idiota que se ríe: Entra a los golpes y riéndose en el tren. Suele tener una gorrita y masca chicle. A él lo golpean, lo pisan, lo empujan... y él se ríe. Se ríe de su desgracia y de su inmundicia. Se ríe de la injusticia y del dolor. Se ríe del olor a pata, de su cara de idiota y de su mediocridad. A él le da gracia sentirse como escoria miserable en el Sarmiento. Su película favorita es Jackass y duerme en una cama de clavos a las carcajadas mientras el perro del vecino ladra y ladra.
  • El Brazo Anónimo: A pesar de estar en una masa compacta de gente de la cual es imposible caerse, El Brazo atraviesa todo el tren en busca de un caño que logre sostener a su dueño. El Brazo siempre pasa por enfrente de la cara de uno, bien pegada, cosa que uno tenga que girar levemente la cabeza para no tener sus pelitos en la nariz. El Brazo siempre termina en una axila que apesta.
  • La señora que pide que no la toquen: La Señora siempre pide que no la toquen. Sin importar que la distancia entre cuerpo y cuerpo sea de medio milímetro, la Señora insiste en que no la toquen ni un poco (no vaya a ser que le arrebaten el olor a naftalina, por una de esas casualidades...).
  • El señor que burla a la Señora que pide que no la toquen: Este señor siempre burla a la anterior señora diciéndole "ay, tiene miedo de que la violen" y busca complicidad del resto de los pasajeros, aunque nadie le da bola nunca. Al final se enoja y le dice "Si no le gusta el transporte público, viaje en auto".
  • El que putea en voz baja: Este tipo sólo está en el mundo para decir susurrando "puta madre, che", "ppffff...", "connnnncha de la lora", etc.
  • La excepción: Este personaje cambia. Es el único que nunca es igual en ningún viaje. Hoy me tocó un padre con su hijo. A pesar de estar en Merlo, en lugar de levantarse más temprano, tomarse el tren que va a Moreno, ir dos estaciones hasta Moreno y esperar que el tren vuelva hasta donde él tenía que ir, o tomar el colectivo, decidió tomar el tren normal con su niño de 4 años a upa. Cuando entró, se puso a gritarle a la gente que subía, que dejen de empujar, que no entren más porque él estaba con su niño allí. La gente obviamente entró, y cuando el pobre niño empezó a sentir la presión de los otros cuerpos en sus piernecitas, empezó a decirle que se quería bajar. El padre entonces, con voz de pobrecito le dice "bueno, bueno hijito, bueno mi amor, pasa que a la gente no le importa nada, ¿no entendés?". La respuesta que se merecía apareció en mi estómago y empezó a subir colérica a través de mi garganta, pero me la tragué, y se sintió más asqueroso que tragar vómito. Porque suponiendo que alguien le cediera el asiento, no hay manera de que pueda llegar hasta él de tanta gente que hay.
  • Mefistófeles: Así lo llamo cariñosamente. Él siempre viaja conmigo y trata de que le grite cosas a los pasajeros mencionados anteriormente. Cuando quiere salir, sube por mi estómago hasta mi garganta, me pone roja la cara y me pongo a gritar cosas a la gente que considero idiota. Casi no lo dejo salir, pero a veces sale solo. A pesar de ser mi cólera, muchas veces me hace reir al final. Estoy atrapado con él, pero siempre que sale me libera.